Digno estreno ‘A sangre fría’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

“Brevis et acidum” (corto y amargo) es el título de un libro del dramaturgo puertorriqueño, Miguel Difoot, ganador del Primer Premio de Dramaturgia del Pen Club Internacional de Puerto Rico en 2014, el cual compila cuatro obras de un solo acto. Una de esas obras es “A sangre fría”, cuyo estreno mundial aconteció en la Sala Beckett de Río Piedras, el pasado viernes 14 de agosto. La producción fue una autogestión de los actores, Jianna Pagán e Israel Solla, en el montaje del director Ricardo Magriñá para Teatro Libre, Inc. “A sangre fría” se presentó también el domingo 16; función que fuimos a ver.

Miguel Difoot es un artista puertorriqueño multifacético. Se desempeña como actor (premiado en varias ocasiones), músico, director escénico y dramaturgo. Entre los títulos de obras teatrales que ha escrito sobresalen “Área de fumar”, “La ultima cena”, “Mi terruño”, “Cambalache”, “El olor del pacholí”; “Cuando el cielo era verde” y “Gofio”. Podría decirse que un trío inteligente se presenta sin rodeos en el teatro de Miguel Difoot: originalidad, ironía y humor negro. “A sangre fría” no es la excepción.

La obra presenta una historia fuera de lo común. Una actriz conocida, Julia, con todos los problemas y conflictos de su clase trabajadora, se presenta, sin avisar, en la oficina de un prestigioso cirujano plástico, Jean. El misterio que invade los silencios entre los parlamentos rebosantes de cinismo en el intercambio entre los personajes al principio de la obra, enciende curiosidad. Entre el diálogo y los silencios, se impone un comportamiento cuya raíz es incomprensible, no obstante, la intuición indica que, tarde o temprano, todo se revelará. El médico no quiere, de ninguna manera, atender a la mujer, experta manipuladora que lo amenaza con acusaciones que parecen insensatas. Cuando, al fin, el doctor accede a escucharla, lo que pide la mujer nos deja perplejos de incredulidad. Julia desea que el doctor ponga arrugas en su cara, papada en su cuello, busto caído, y de la misma manera, las nalgas. La actriz desea parecer más vieja de lo que es. No obstante, si lo que pide esta mujer nos mantiene atónitos, los argumentos que usa para sustentar su petición son envidia de Eugene Ionesco: ella desea que la respeten como actriz vieja en su juventud y que cuando pasen los años, las personas que le digan que “está igualita que cuando era joven” tengan razón.

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Los actores Israel Solla y Jianni Pagán protagonizaron convincentemente “A sangre fría” de Teatro Libre. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Si la obra se hubiera quedado ahí, hubiera sido encantadoramente interesante. ¡Pero no! Hay un motivo de crimen y de venganza en la cuestión. Cuando se revela ese motivo, Ionesco le cede lugar a Alfred Hitchcock, quien en su tumba se revuelca con deseos de volver a nacer. Julia es en verdad la esposa de Jean y desea vengarse del marido por un “malpractice” que le hizo, ¡sorpresa!, a la mujer que ella ama. Como el hombre se rehúsa a operarla, Julia lo mata. Si la obra se hubiera quedado ahí, hubiese tenido méritos, pero hay más. Con el muerto en sus brazos (efectiva versión libre del director de “La Piedad” de Miguel Angel), Julia confiesa su “amor por los dos” (por la mujer en estado de coma en un hospital y por el hombre que acaba de asesinar con tres disparos sonoros). Todo se aclara. La obra no deja otra duda que no sea si Julia se sentirá cómoda con el uniforme de presa en la cárcel o si limpiará con clorox el charquero de sangre y saldrá del lío de la misma manera que lo formó.

La pieza es muy buena. El dramaturgo maneja el control del interés del público hasta después del final, el diálogo fluye, la mayor parte del tiempo con ágil cinismo, a favor del comentario en la vida cotidiana (desempleo, falta de reconocimiento y autoestima, ética e injusticia de las leyes, reacción ante lo que no decimos) y en línea ascendente hacia el crimen del final. Los personajes están muy bien definidos.

El concepto del montaje, escenografía, luces, vestuario y la dirección de Ricardo Magriñá tuvo grandes aciertos, como los silencios entre los parlamentos al principio, la escena encima del escritorio y el tráfico escénico mínimo que condujo al asesinato y escena final en el piso, primer plano centro. El director se concentró en el ritmo y el trabajo con los actores, y fue precisamente su trabajo con los actores, lo que sobresalió. Con el propósito de lograr un trabajo redondo, pudo, tal vez, trabajar un poco más la precipitada persecución de Jean a Julia que culminó en la escena de casi estrangulación encima del escritorio.

Los dos actores creían en lo que estaban haciendo, desarrollaron sus personajes con seriedad y de la misma manera se desempeñaron. Israel Solla no tuvo errores en su interpretación del Dr. Jean. Profundo, convincente, acertado, es lo mejor que le hemos visto a este actor, egresado del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño, en los pasados dos años. Lo mismo podemos decir de Jianna Pagán. Tal vez Pagán, podría prestarle un poco de atención a la escena final, donde, faltó la profundidad que, hasta esos momentos dominó con excelencia.

Felicitamos a Teatro Libre, Inc., por el acierto de seleccionar un buen texto de un puertorriqueño y convertirlo en un digno estreno mundial. Como asiduo público de teatro, nos duerme el ver siempre lo mismo y nos despierta la novedad. No obstante, tenemos que señalarles a los productores la falta de un programa de mano, lo cual se agrava, precisamente por tratarse de un estreno mundial de un dramaturgo nacional. Es imperdonable que algunos productores estén tomando la decisión de suprimir el programa de mano, tal vez por asuntos de economía o subestimación, dejando a los investigadores sin la fuente fidedigna del estudio que conduce a la veracidad en la posteridad. El programa de mano es la prueba de que el montaje se hizo, dónde se hizo, cuándo se hizo y quiénes tuvieron que ver.

El programa de mano es la única manera que tiene el público de saber quién hizo qué con justicia, la única forma que tenemos de conocer los nuevos talentos y evaluar. Si los montajes estuvieran corriendo para un premio, la falta de programa de mano podría descartar una determinada producción. Por la forma en la cual esta situación se está repitiendo, recomendamos, con grave seriedad, a los productores que no supriman el programa de mano y que en el mismo aparezca la información correcta sobre los pormenores del montaje (autor, actores, escenografía, luces, vestuario, utilería, fotos, efectos especiales, producción, etc.), aunque sea en un papel escrito a mano.

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