El buen oficio en ‘Motel’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Desde que entramos a la sala René Marqués del Centro de Bellas Artes de Santurce para ver el estreno de “Motel”, una comedia de Roberto Ramos-Perea, producción de Quehacer Escénico, Inc., dirigida por Nelson Alvarado, nos pusieron a bailar. El ambiente, de la década de 1980, estaba encendido con marinos, chicas alegres y clientes del negocio Monasterio de Lola (María Muñiz, Kathy García, Myrtha Olivares, Jeamy Reverón, Neida Soto, Nelson Casillas, Ektor Gómez, Rubén Rodríguez, Luis Rodríguez, Israel Soya). Julie Bonita, Mamerté y Diego “Money Maker” Rivera, interpretaron canciones. La estábamos pasando súper hasta que el local se encendió en llamas. En esos momentos dieron la tercera llamada. Fue cuando nos enteramos que la obra no había comenzado todavía y que todo lo anterior tenía que ver con el montaje del director.

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La trama de la obra se basa en hechos reales. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Aunque hubiéramos disfrutado la obra sin el preámbulo, el cual resultó ser todo un espectáculo que nos mantuvo entretenidos mientras comenzaba la función, y nos cautivó, reconocemos la pasión del director y su trabajo de ensayos intensos con los actores que participaron en este prefacio que nos hizo hacer fiesta de una tragedia incendiaria.

Roberto Ramos-Perea es uno de los dramaturgos más importantes en Puerto Rico, y tal vez el más prolífero. Ha sido galardonado con premios de prestigio internacional, entre esos, el Tirso de Molina. Sus obras se han traducido a varios idiomas, el japonés entre ellos, y su teatro se ha montado en muchos países. Como dramaturgo, Ramos-Perea es conocido por sus dramas históricos y políticos, y por su pasión por el movimiento romántico, también ha escrito comedias.

“Motel” fue escrita en la década de 1980 y estrenó durante el auge de la Nueva Dramaturgía Puertorriqueña, a la cual pertenece Ramos-Perea. Tiene la adorable tradición del equívoco, propio de las comedias neo-clásicas, en su forma. Como Anton Chejov, el autor no oculta el amor compasivo que siente hacia los personajes que señala, sin dejar de plasmar aquello que puede ser censurable en sus actitudes y comportamiento. El contenido de “Motel” se basa en hechos reales. La trama se inspira en un acontecimiento muy comentado por los medios de comunicación “ochentosos”: Un dueño de un motel colocó cámaras ocultas en las habitaciones para vender luego el material como películas pornográficas, o tal vez chantajear.

Los detalles de “Motel” exploran todas las posibilidades de la comedia, dentro de las situaciones y los personajes, sin chistes gratuitos “traídos por los cabellos” lejos de la ruta de acción. Dado los equívocos y el uso de espacios dentro un local que volverá a abrir sus puertas con otro nombre (Acurrúcate Motel), pero todavía con olor a humo, el montaje es complicado y la producción, si el director se empeña, puede ser costosa. En tal sentido, Quehacer Escénico, Inc. (Nelson Alvarado, Ektor Gómez, Luis Javier López), hizo un debut profesional con orgullo y efectividad.

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El desempeño del elenco actoral mereció aplausos del público y la crítica especializada. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Las actuaciones estuvieron bien trabajadas, algunas, excelentemente elaboradas. Luis Javier López, como dueño de un motel en decadencia, con su evidente peluca rubia en contraste con el color trigueño de su piel, y los zapatos beige a pesar del pantalón oscuro, nos hizo recordar a muchos “Money Makers”, ruidosos y “pasados de simpáticos”, que aún podemos ver en ciertos ambientes.

Julie Bonita, personaje que, conforme nos contó el autor, surgió de la vida real de una trabajadora del extinto club de chicas topless, Hawaian Hut, sometida a la prostitución por las falsas promesas del hombre que amaba, fue interpretada con soltura y brillantez por Melissa Reyes, quien, además, lució muy atractiva.

Mamerté, interpretado por el director, en un momento tuvo mucho éxito como travesti y presentó la frustración de la nostalgia como toda una “drama queen”. Alvarado supo manejar bien al desaforado Mamerté, en sus interpretaciones como mujer y su interacción con los demás personajes.

Leo, llega al local con una bomba en una cartera, porque se entera que el juez que lo sentenció a pasar una pensión alimenticia de mil dólares mensuales por cada uno de sus siete hijos estará allí pasando la noche con una mujer. Es el personaje que impulsa el punto culminante de los enredos. Toma como rehén al dueño del local, y también a las grabaciones que “Money Maker” ha hecho en cada cuarto para chantajear al juez, con amenaza de explotar la bomba que lleva encima. Israel Soya impartió efectividad con su interpretación. Neida Soto y Luis González, como la pareja de dominicanos Pura y Fito, lucieron seguros y ágiles, y cumplieron con su trabajo.
Sobresalieron como actores en este montaje Herman O’Neill, como el Juez, Miguel Difoot como Ambrosio y Gina Figueroa como Pura. O’Neill añadió chispas de simpatía al viejito casado infiel y corrupto que interpretó. La pareja que formaron Difoot y Figueroa fue sencillamente deliciosa.

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“Motel” fue una producción de Quehacer Escénico, Inc. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La escenografía (Miriam Vázquez y Ricardo Magriñá), divida en dos áreas por una tarima en el fondo, que a la vez se dividía en tres áreas, muy bien construida, fue funcional y elaborada. Las luces del maestro Eduardo Bobrén Bisbal, importantísimas en el montaje, establecieron el escándalo del cabaret, separaron distintas áreas y aislaron la intimidad de las escenas en las habitaciones. Fueron versátiles y mágicas.

El vestuario (Nelson Alvarado, Emma Ayala, Neida Soto), los peinados (Jimmy Cruz) y la elección de la música, ubicaron, sin lugar a dudas, la obra como icono de la década de 1980.

Nelson Alvarado demostró ser un director arrojado, sumamente creativo y barroco, que supo mantener su activa ruta escénica con intención de principio a fin. Tal vez deba revisar ciertos momentos en la composición de algunas escenas y los aplausos al final, que parecen ser propios del teatro a dos lados y no de tres, conforme la colocación de las butacas en la sala esa noche. Recomendamos, además, revisar el volumen de la voz de los actores en las dos primeras escenas de la obra real, el cual nos pareció elevado.

Siempre que surgen nuevos productores, nos regocijamos. Si esos productores demuestran profesionalismo y responsabilidad en los montajes que presentan, nos inflamos de satisfacción. Felicitamos a estos jóvenes egresados del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño que hicieron su debut con una comedia de su mentor y lo hicieron con oficio.

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