El arte sublime de Mijo de la Palma

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Solo medio centenar de los seguidores de Mijo de la Palma pudieron presenciar su concierto, como parte del cierre de la gira “Por la Cordillera”, en la remota Hacienda Chiquita en Peñuelas.

El lugar, una deslumbrante serranía localizada en un pico en lo más alto de las inmediaciones de Adjuntas y Ponce, no admitía una asistencia mayor, por lo que los interesados debían reservar con antelación en el muro del cantautor en Facebook.

Y llegaron como una familia para escuchar a Mijo y sus músicos, reforzados el domingo 26 de julio con el dj y rapero Hermes Ayala.

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Una antigua hacienda fue escenario para el encuentro poético musical de Mijo de la Palma. (Foto Jaime Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La sala fue un patio al aire libre con una grama bien acondicionada; dos frondosos árboles y un vetusto rancho de madera y zinc donde hace muchos años se almacenó café y desde cuyas paredes se exhibieron las monoestrelladas de Cuba y Puerto Rico.

Previo al anochecer , Hermes Ayala mezcló canciones populares y otras de contenido político y social con sonidos grabados de discursos y alocuciones de Pedro Albizu Campos y Alejandro García Padilla, como su ya emblemático “Me vale”.

Al disiparse el último vestigio de luz, las velas de los presentes iluminaron la loma, complementadas con el fulgor de la luna y las estrellas en el firmamento.

Mijo inició su función en el marco de un subconcierto de coquíes, grillos y aves nocturnas.

Cada presentación de Mijo entraña una experiencia musical diferente. El domingo 19 de julio llegó a la Peña en la Casa Aboy con una combinación de guitarra acústica, chelo y percusión.

El pasado domingo su propuesta descansó en el extraordinario Javo Grant, virtuoso de la guitarra eléctrica que aportó una de acordes, arpegios y efectos evocadores del blues que complementaron las composiciones de corte existencial y poético de Mijo, que crean una atmósfera elevada y sublime para la introspección.

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La velada marcó el cierre de la gira “Por la Cordillera” de Mijo de la Palma. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Al presenciar a Mijo, sin necesidad de parangón, tarde o temprano su poesía y manejo del diapasón evocan la influencia de cantautores como Silvio, Lennon, Roy, Polo Montañez y José Feliciano en sus inicios.

El complemento de su obra, de gran sensibilidad humana e intelectual, es el joven poeta Kidany Acevedo.

Al inicio y durante casi toda la función, sus interpretaciones propiciaron también la intervención de Hermes Ayala con su ingenio para la expresión urbana del ‘spoken word’ con líneas y rapeos bilingües, veloces y con rima, arte que pocos dominan como este artista y periodista.

Donde único se apreció una dicotomía fue en lo recurrente de su discurso sociopolítico un tanto estridente e irreverente, justificado quizás en el concepto Proyecto Internacional Free Pico que expone ahora con Mijo, pero como una contradicción a la estética y la apacibilidad que distinguen el arte del cantautor, a quien respalda en la segunda voz y las armonías vocales Adaliz Ortiz.

Hermes es un gran improvisador de la palabra hablada con rima, pero inmisericorde con los blancos u objetivos de su discurso, como el rapero Cosculluela y el colombiano Carlos Vives, además de algunos políticos y funcionarios públicos cuyas voces a veces intercala en sus arreglos como dj.

El repertorio de Mijo de la Palma, con las consabidas intervenciones de Kidany y Hermes, incluyó “Abandono”, “Jugué”, “Pelea”, “Se hizo pensando en ti”, “No hubo espacio”, “Siempre Aquí”, “Vi secarse el río”, “Campos Verdes”, “Mientras Vivo”, “Sin Título”, “Puerto Rico en cuatro velas”, “Rumbo al Este”, “Madrecita mía”, “Paso a paso” y “Politik Kills”, del cancionero de Manu Chao, una de sus influencias junto a Ramito y Chuito el de Bayamón.

Sorpresivamente, Alex Croatto se encontraba entre los presentes y, a petición del cantautor, entonó una composición original.

Mijo de la Palma, en Hacienda Chiquita, es uno de esos conciertos raros que parecen una quimera y el espectador promedio no quisiera que terminen porque “donde se quedan las cosas quietas, el abandono se mueve solo”.

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