‘Reunión’ ochentosa con personajes acertados

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Cuando un grupo de jóvenes profesionales se junta para hacer teatro, hay entusiasmo. Si el entusiasmo logra mantenerse hasta más allá del estreno, hay éxito. Esa es la historia de Emmanuel Irizarry y Angel Mánuel de 10 ET (Entretenimiento Teatral Inc.), quienes se unieron a Víctor Santiago y Yizette Cifredo para producir “Qué clase de reunión” del dramaturgo puertorriqueño Héctor Méndez.

La obra, comisionada al dramaturgo, estrenó en noviembre de 2014 con un éxito de taquilla que los obligó a abrir un fin de semana extra. No vimos esa puesta en escena, no obstante, el pasado sábado 30 de mayo nos enfilamos hacia Coribantes para ver la reposición. En esta ocasión Daniela Droz había sido sustituida por Yazmín Caritini. El resto del elenco, integrado por profesionales y jóvenes egresados de la Academia de Drama de Daniela Droz, era el mismo.

“Qué clase de reunión” es una comedia liviana, ideal para el público que desea pasar un buen rato, que recrea las maneras de la década de 1980 (música, moda, peinados, maquillaje, etc.) desde el recuerdo en 2015, y se aleja del doble sentido que caracteriza lo vulgar. Aclaramos que, aunque sabemos que muchas personas se ofenden, para nosotros, el doble sentido que caracteriza lo vulgar no significa algo que debamos rechazar ni combatir en el teatro, pero esta obra no lo tiene. Por tanto, a nadie ofende.

La obra narra el encuentro de la clase graduanda de 1989 de la Escuela Trina Padilla de Sanz, 25 años después de la graduación oficial. El autor basó sus peculiares personajes en compañeros de su propia clase graduanda en 1990 (quien se moje que abra la sombrilla) y cambió el año a 1989 para hacer un redondo encuentro de plata. Los personajes, que podrían parecer estereotipados, son muy reales: la gordita que rebajó y es actriz famosa de telenovela, la reina de la clase que ahora vive de las apariencias, el estofón que no dejó de serlo, el atleta que engordó como elefante, una gótica pitonisa, el que se comía los nenes crudos y se convirtió en un tonto marido maltratado y la chica talentosa, bella, envidiada, y por lo tanto, mancillada, convertida en toda una mujer madura. En esta reunión, todos se presentan vestidos a la moda “ochentosa” en un salón alquilado y decorado “ochentosamente”. Todo es de la década de 1980, hasta los entremeses (sándwiches de mezcla en colores) y el ponche (Pink Champale).

Lo mejor de la obra son, de hecho, los personajes, muy delineados, muy definidos y bien trabajados por los

Madonna fue uno de los temas ochentosos delineados en la obra. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popuar)
Madonna fue uno de los temas ochentosos delineados en la obra. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popuar)

intérpretes, sin recurrir a la exageración. En tal sentido, los actores lograron esa naturalidad que hace sentir al público experimentar algo muy gracioso que está pasando “de verdad”.

La obra comenzó con dos meseros jóvenes (Juan Vega y Leilani Maldonado), de la generación que sigue a la Generación X, quienes se mofan de las chicas en el “bill board” donde aparecen los miembros de la clase del 89, porque ellas no se sacaban las cejas y estaban mal maquilladas. Entonces, en un vestido de tul y tafeta color de rosa que nos hizo meditar en el valor de todo lo vivido, hizo su entrada, Patty (Yazmín Caratini), la reina del prom, con una corona que no se había quitado ni para dormir en los pasados 25 años. Es Patty quien ha coordinado este encuentro, y quien se ha encargado de invitar a sus amigos selectos, una hora antes de la actividad para recrear su coronación. Desde su entrada, Caratini se apodera del escenario, muy dueña del espacio, en una exquisita coordinación de movimientos y de voz.

El rey del prom, Miguel Angel (Víctor Santiago), llegó a casarse con Patty. Casi todas sus líneas empezaban o terminaban con “Sí, mi amor”, por lo que nos imaginamos cómo ha sido su vida al lado de una mujer extremadamente frívola. Santiago hizo un hit de su oración repetida, el público también la repitió.

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La recreación de la época es acertada en la obra. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Nathaniel (Emmanuel Irrizarry), el estofón que ve la vida a base de porcientos, hizo su entrada vestido a lo Miami Vice, de blanco con pantalones “brinca charco”, en marcado contraste con Milly (Yizette Cifredo), una gótica con poderes de pitonisa, vestida de negro. Milly daba la impresión de que iba a comernos con su forma de hablar y a pedir postre con sus movimientos. Los actores manejaron bien a sus respectivos personajes.

Pascual (Angel Manuel), el típico gay “ochentoso”, simpático, generoso y extrovertido, entró a escena con una chaqueta de lentejuelas, el pelo lleno de rizos, y decorado con sus modales y manerismos. Sin aferrarse a recursos exagerados para provocar la risa, el actor supo hacer de su personaje uno destacado.

Zuleyka (Keyla Ramos), la gordita de la escuela que nadie sospechó llegaría a protagonizar novelas en Miami, y a ser religiosa a la vez, llegó a la reunión vestida de rojo y esbeltísima, hecha toda perdón por el “bulling” recibido de parte de sus compañeros de clase en el pasado. Joey (José Figueroa), quien se había destacado como un atleta de cuerpo espectacular codiciado por las féminas, llegó con un paquete de seis cervezas y una barriga a punto de dar a luz. El macharrán Joey sorprendió a todos con un notición: siempre había sido gay, lo aceptó, “salió del closet” y lleva años con su compañero. Ramos y Figueroa, quienes hicieron su debut teatral con esta obra en noviembre, lograron un trabajo digno.

Al final del primer acto, y en forma oportuna, ya que, por motivos de rivalidad y envidia, la reina del prom no la quería allí, llegó Tata (Mónica Pastrana), la chica popular que imitaba a Madonna y que bailaba en el programa de televisión “Party Time”. Tata, quien hizo su entrada con una canción de Madonna, había sido novia de Miguel Angel, esposo de Patty. Patty le arrebató el amor a Tata con estratagemas y engaños y se casó con él. Veinticinco años después, Tata dejó mudos a sus antiguos compañeros de clase con la bomba que movió el segundo acto: un hijo suyo y de Miguel Angel próximo a graduarse de universidad. La actriz lució segura, sincera y divertida mientras intentaba lograr un encuentro entre su hijo y el padre.

Al final de la obra, cuando todos los puntos estaban puestos sobre las íes y fue la paz aun entre las terribles rivales, hizo su entrada la mamá de Patty interpretada por un actor (Ernesto Ayala). Este personaje, presente durante todo el tiempo en la obra por su comportamiento senil fuera del escenario, dijo una sola oración, y la obra terminó. La mamá de Patty era lo todo lo que esperábamos que fuera.

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El trabajo de la productora 10 ET (Entretenimiento Teatral Inc.) cuenta con endoso de la crítica. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En cuanto a recreación de una época en el recuerdo desde otra época, la pieza es acertada. Cualquiera que usó macanudos, tomo cerveza Shaeffer, compró en González Padín, usó mousse para el pelo, se creyó Madonna o Cindy Lauper, bailó electroboogie, se enamoró con una canción de Air Supply, fue cocolo o roquero, se puede identificar. Quienes no vivieron la década de 1980, pueden tener una idea de lo que fue y disfrutarla también. La obra arrancó comentarios de sorpresa y risas, y el público, encantado, respondió con sus aplausos.

Como director, Méndez dominó el teatro arena a cuatro lados con un tráfico escénico dinámico. Su trabajo con los actores fue excelente. El vestuario de Y. Cifredo, A. García y L. Maldonado fue colorido, llamativo y simpático. Las luces de Wilfredo y Teatro Coribantes, cumplieron, lo mismo la ambientación escénica, la cual no tenía crédito en el programa de mano, pero suponemos del director. La regiduría de escena estuvo, precisa, muy bien coordinada por Natalie Droz.

Cuando surge un nuevo grupo de teatro con nuevos talentos, sobretodo en estos momentos de crisis económica, no podemos sino aplaudir y desearles perseverancia. Puerto Rico necesita artistas. Son los artistas quienes lograrán animar a los demás mientras atravesamos un camino empedrado que, sin duda, nos llevará a través de la superación, a un mejor momento. Esperamos el próximo estreno de 10 ET (Entretenimiento Teatral Inc.).

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