Hasta luego a nuestro Braulio

Por Roberto Ramos-Perea

Hasta Luego a Nuestro Braulio Castillo Padre – Pasa que hay artistas que cuando mueren, ciertas nubes forman sonrisas. Es como si alguien allá arriba se sintiese agradecido de tanta vida productiva que sirvió para que los demás pudiésemos captar la inmensa grandeza de lo humano.

La muerte de Braulio Castillo no me lleva a recitar los títulos de sus películas o sus novelas o su teatro, que ya los medios hacen con buen tino y generosidad. Eso afianza nuestro recuerdo y da sentido a nuestra gratitud.
Pero hay que recordar al hombre desde el espacio de la fantasía creadora, desde la gentileza de su persona y desde la extensión de tanta grandeza en sus hijos.

Hace muy poco años, la Sección de Cine del Ateneo que dirige mi hermano Pepe José Orraca-Brandenberger, y yo como director del Archivo Nacional de Teatro y Cine no dudamos ni un segundo en proponer la obra de Braulio para un Retrospectiva en Homenaje. Escogimos sus mejores actuaciones para aquella serie de seis películas, y encontramos y otras varias que estaban perdidas. Armamos una filmografía precisa y rescatamos algunos materiales de prensa y de revistas que suplementaron ese trabajo. Trabajo parecido y entusiasta que comparte la Fundación Nacional de la Cultura Popular que dirige el amigo Javier Santiago.

Yo había visto muchas de aquellas películas de niño y adolescente, sobretodo “El Cielo y Tú”, quizá la mejor actuación de Braulio en toda su carrera cinematográfica y era imperioso ponerla de las primeras para apreciar aquella vitalidad, aquella intensidad y aquel toque mágico de su sonrisa.

Al mismo tiempo recopilamos fotos de su trabajo con Teatro La Máscara y El Cemí, donde compartió con colegas queridos suyos como Axel Anderson y Marcos Betancourt. Esa generación de gigantes de la actuación que nosotros, por estar sumidos en las nimiedades del presente farandulero, aún no honramos demasiado.

Me tocó describir la actuación de Braulio Castillo y su aportación a ese campo tan complejo y oscuro que es el arte de “actuar”. Porque a actuar no solo nos enseñan los maestros de drama o los actores que vemos en las películas gringas. A actuar nos enseñan los actores nuestros, con su manera de ver la vida, sentir lo feliz y lo amargo y proyectarlo con tanta o menos pasión. En el arte de la actuación puertorriqueña hay un dictamen claro de la vida puertorriqueña. Recordamos a Braulio en su pasión por el actuar desde sus experiencias vividas, desde su nacimiento y su infancia en esta su tierra y lo que de esta tierra se llevó en cada personaje que hizo.

Recordémosle entonces por su gentileza, caballerosidad, bondad y don de gente. Y yo lo recuerdo así. Que debió haber tenido sus pasiones y sus flaquezas, como todos. Y que desde esas flaquezas se hizo lo que fue como grande, pues así es que se vive para crear.

Siempre hablaba de si mismo sin arrogancia, aunque cartel tenía de sobra para hacerlo. Yo lo conocí después de su complicada situación de salud. Y como fiel interesado en su trayectoria y su carrera, siempre me hablaba antes que todo de su Dios, al que le entregó toda la fe su alma. Y Dios fue su arte y su consuelo.

Cuando estaba en el Ateneo viendo sus películas durante su homenaje, me fijé que apretaba mucho las manos de su adorada esposa Carmen. Soldado fiel de ese pequeño ejército de felicidad, ambos se sonreían agradecidos por los recuerdos que esas imágenes en el tiempo guardan. Lo que se hizo, hecho está y bien hecho, porque esta sala no se vació ni un solo día y Braulio acudió sin falta a todas las presentaciones agradeciendo con entusiasmo al Ateneo por recordar, guardar, proteger y difundir su legado.

Finalmente cuando se habla de un hombre tan grande, hay que recordar y consolar su recuerdo en sus hijos. A Jorgito y a Zulma y a Carlos, con quienes he compartido varias veces de las buenas, en lo que pueda significar mi abrazo y mi lamento, con ustedes está.

A Bayín, mi hermano de tantos años, compañero de luchas y trabajo, amigo verdadero a quien me hermano en propósito desde allá tan lejos como “Filomena Marturano”, hasta nuestra reciente “Llamarada” que con tan intenso amor y respeto por lo nuestro, hicimos arder… Bayo, tu tienes ahora una misión muy complicada. No me refiero a calzar los zapatos de tu padre, pues cada uno de ustedes hizo sus caminos diversos con la misma excelencia. Tampoco me refiero a que continúes su obra pues tienes tú que continuar la tuya y el Gran Bayo ya cumplió sobradamente con la que le tocaba.

Me refiero a que tu padre nos dejó una herencia de generosidad y de amor por el oficio, por la patria y por la humanidad. Al recordar a Braulio Castillo recordamos a un hombre bueno, talentoso, excelente. Al verte a ti actuar, queremos honrar esa excelencia que va por tu sangre también. Queremos sentir como revive esa santa herencia en nuestro recuerdo. Sigue actuando, Bayín, no solo porque eres de los mejores actores que disfruta nuestro país, sino porque tu padre actuará contigo y en ti. Y ambos son responsables de esta sencilla pero genuina admiración que te ofrece tu pueblo.

Braulio Castillo Padre! Lloramos tu partida, PRIMERISIMO ACTOR de esta Nación! Pero estamos complacidos y honrados de lo que nos dejaste en GLORIA, SANGRE Y BELLEZA.

Te pagamos con el eterno aplauso de nuestra memoria.

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