Tributo a Luis Torres Nadal

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Muchas imágenes tomaron vida en nuestras mentes mientras, el pasado domingo 1 de febrero, a las nueve y media de la noche, participamos de la conferencia-conversatorio que ofreciera Carlos Javier Santos, coordinador del Festival de Teatro Luis Torres Nadal y el administrador artístico del Taller de Teatro Luis Torres Nadal, de Ponce. El evento aconteció después de la función del monólogo “La actriz”, protagonizado por la actriz ponceña Maddy Rivera, en Corralón de San José. El propósito del conversatorio era resaltar la figura del dramaturgo, su obra y su intención, para darlo a conocer al público en general. Santos, quien nunca lo conoció, lucía muy comprometido con esta misión y hablaba desde su corazón, mientras exponía datos históricos. Conmovía escuchar lo alcanzado por aquella persona que hacía con nosotros ejercicios de ballet antes de las funciones; y maldades inocentes en la última función de temporada.

Conocimos a Luis Torres Nadal (4 de julio de 1943 – 15 de mayo de 1986) en los quehaceres teatrales del momento, cuando la década de 1970 apenas balbuceaba. El joven artista ya se había graduado de la Universidad Católica de Ponce. Torres Nadal, llegaba desde Ponce a San Juan; y entraba y salía de todas partes, si en esas partes sobresalía el teatro. En aquel tiempo, la actividad teatral de Ponce, aunque importante, era escasa.

Asistimos y participamos en las representaciones del Primer Festival de Teatro Interamericano (1971), celebrado en el desaparecido Teatro Cooparte, que tenía su sede en el Barrio Obrero en Santurce. Aquel fue un histórico acontecimiento. Por primera vez, nos visitaron las compañías Rajatabla, de Venezuela; La Mama, de Nueva York; y vimos a la actriz mexicana Sylvia del Pinal, favorita de cineastas como el español Luis Buñuel, interpretando personajes en la versión teatral de “Así habla Zaratustra”, de Frederik Nietzche, entre otras. Los desnudos estaban en boga desde la década de 1960, en todas partes del mundo. Era la primera vez en Puerto Rico que se presentaban tantos desnudos, lo cual fue escandaloso para la sociedad. Ese era el tiempo y el espacio del joven Torres Nadal, ávido de llevar a escena los experimentos de un teatro que, posiblemente, haya servido de transición en nuestra escena.

Hubo tres producciones puertorriqueñas en aquel Festival. Luis Torres Nadal aparecía en los ensayos de una de ellas: “Areyto pesaroso”, de Victoria Espinosa, dirigido por su autora. Las otras dos piezas fueron el colectivo “Preciosa’ y otras tonadas que no llegaron al hit parade” y “El herrero y el diablo”, de Carlos Ferrari. No fue difícil entablar amistad con Luis, siempre entre risas, conversaciones variadas y respeto. Después, compartimos escena en el montaje de “Llora en el atardecer la fuente” (1972), de Luis Rechani Agrait, producido por Bohío Puertorriqueño, dirigido también por Victoria Espinosa. En esta ocasión, Luis Torres Nadal bailaba ballet con Antonio Pantojas.

No pasó mucho tiempo cuando nuestro amigo apareció por el Departamento de Drama, UPR, con un paquete de libretos de una obra de teatro que repartió entre algunos actores, con el propósito de hacer un montaje. Ofreció personajes y quedó en comunicarse con nosotros para conversar. La obra se llamaba “Minus One”, era muy vanguardista y también de su autoría. Hoy día no se sabe nada sobre esa pieza, no aparece entre los manuscritos del dramaturgo y nadie, hasta hoy, hizo mención de su existencia, ya fuera porque la pieza evolucionó al punto de convertirse en algo distinto o porque el autor la haya descartado por completo.

Esta experiencia nos lleva a sugerir que nunca descartemos un papel que nos entregue un autor contemporáneo desconocido. Si hubiéramos mantenido aquellas páginas, los investigadores tendrían una visión más amplia sobre los inicios del trabajo de Luis Torres Nadal, actor, bailarín, profesor, director y dramaturgo puertorriqueño.
Interactuamos con Nadal con frecuencia, a través de los años. Estuvimos en el estreno de “Maten a Borges”, en el Teatro Tapia; y muy cerca de los ensayos de “La Santa noche del sábado”, cuando Ernesto Concepción y José Luis (Chavito) Marrero decidieron hacer el experimento de actuar mientras se dirigían el uno al otro.

Conforme escuchamos el pasado domingo en las palabras de Carlos Javier Santos, Luis Torres Nadal dejó 10 obras completas -ocho de las cuales están publicadas- y muchos apuntes y porciones de manuscritos de obras de teatro y poesía.

Luis Torres Nadal, dramaturgo puertorriqueño que nos enorgullece, ha dejado un legado en su Ponce natal, el cual es atesorado por jóvenes artistas que no tuvieron la enriquecedora experiencia de conocerlo. Ponce sostiene a Torres Nadal, quien tuvo la dicha de disfrutar en vida muchos de sus estrenos, como un artista que llena de gloria a la ciudad. Después de su trágica muerte, el jueves 15 de mayo de 1986, los homenajes iniciaron el eterno tributo al hijo de nuestro suelo. Desde ese año, un festival que lleva su nombre se celebra cada febrero en el Teatro La Perla de la Ciudad Señorial. El taller de teatro fue comenzado por el propio artista en 1984 y pertenece a la Pontificia Universidad Católica de Ponce. Después de su triste partida, el taller le rinde tributo con su nombre, todos y cada uno de los días. Una calle de un sector residencial fue nombrada en su honor y una placa con su nombre sobresale en el Parque del Tricentenario de Ponce.

La corta vida de Luis Torres Nadal fue fructífera. Dicen que cuando el sueño de un ser humano tiene profundas raíces de misión, el mismo se logra aun después de la muerte de ese ser humano. El sueño de nuestro gran artista era establecer un Departamento de Drama en la Universidad Católica. Para estos fines, hizo una propuesta a la universidad. Con alegría anunciamos que el sueño de Luis Torres Nadal verá la realidad en agosto de 2015.

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