El Tapia con aires del Palladium

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Nunca, como el pasado viernes, deseé que la planta baja del Teatro Tapia se convirtiera en una pista para que el público bailara las composiciones de Ray Santos al frente de la orquesta grande del trompetista Humberto Ramírez.
Porque el mambo es para bailar.

Porque el swing de un “big band” avasalla a la pareja promedio, que se entrega apasionada a sus movimientos y pasos, llevando a la orquesta –en un intercambio singular de energía musical- a intensificar su ejecución hasta alcanzar un clímax enloquecedor.

Porque el mambo Cachao y Dámaso Pérez Prado lo crearon y popularizaron, respectivamente, para bailar.
Y bastó observar el gusto con que los espectadores marcaron la clave con los pies y contonearon sus hombros para afirmar que lo único que faltó el viernes, aparte de un poquito de ensayo, fue la retroalimentación del baile.

Y es que la orquesta grande de Humberto Ramírez, aceitada, acoplada e integrada gracias a sus talleres en el Restaurante Yerbabuena, arrancó con la composición “Caribe” de Ray Santos, transportando en un viaje imaginario a los días del Palladium.

La solidez de su ritmo, acentuado en particular por la compenetración de Junior Irizarry en el bajo, Charlie Sierra en el timbal y Richard Carrasco en el bongó, sumada a la precisa lectura de la sección de vientos y su balance y brillantez sonora deleitaron al público conocedor que abarrotó el Teatro Tapia.

Fue un privilegio contemplar, a sus 86 años, al legendario arreglista, productor, saxofonista y director de orquesta puertorriqueño Ray Santos. Caminó al escenario con un bastón y lo ayudaron a sentarse. Y a pesar del temblor de sus manos, dirigió y le exigió a los músicos con la autoridad que representa.

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El maestro Eddie Palmieri participó en la cartelera inaugural en el Viejo San Juan. (Foto Félix “Guayciba” Ayala)

Humberto, quien en ocasiones bajó de la plataforma de la sección de trompetas para consultar al legendario maestro, anunció el estreno de “Palladium Millenium 3”, “Hollywood Bolero” y “Blue Montuno”, movimientos de una suite que Santos nunca había interpretado en Puerto Rico.

Ese fue el momento de mayor tensión en la presentación porque fue evidente que resultaron insuficientes las horas de ensayo dedicadas a esta obra (La nevada de la pasada semana atrasó la llegada de Santos y su invitado especial Eddie Palmieri, procedentes de Nueva York.)

Los guajeos de la sección de cinco saxofones y los pasajes en breves contrapuntos entre las trompetas y trombones que caracterizan estos arreglos estuvieron ausentes, lo que provocó que el maestro Santos gesticulara cuando debían entrar las trompetas o los saxofones.

En “Azulito”, una obra que es parte del repertorio habitual del ‘big band’ de Humberto, el desempeño fue impecable.

El maestro Santos salió a descansar y Humberto presentó a Eddie Palmieri, quien tampoco tuvo su mejor noche, aunque con la salvedad de que la veteranía de ambos músicos y el celo de Humberto no le restaron brillo a la histórica presentación.

Eddie interpretó el interludio “Vida”, dedicado a su esposa Iraida, fallecida el pasado 3 de mayo, tras 60 años de matrimonio.

Santos retornó al escenario para dirigir a la orquesta en las composiciones “3D Mambo”, grabada por César Concepción en 1954, y “Sunny Ray”, que dedicó a Puerto Rico y su sol radiante. La orquesta se empleó a las mil maravillas, tocando con un swing arrollador. Pero en los compases iniciales de cada selección Palmieri parecía ausente, sobresaliendo en los montunos y en los solos que interpretó, acudiendo –influenciado por Thelonious Monk- al uso del silencio, a acordes solitarios y a la insinuación de frases cortas de melodías conocidas, como su emblemática “Vámonos pa’l monte”.

A Ray Santos se le dedicó la sexta edición del Puerto Rico Jazz Jam, siendo la atracción principal, junto a Eddie Palmieri, de un programa que incluyó al trompetista Luis Aquino, a Víctor Román & Cinco Esquinas y al Jazz Project de Humberto, con el saxofonista David Sánchez de invitado especial en la interpretación de un repertorio de la música de Rafael Hernández y otros compositores puertorriqueños.

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Luis Aquino fue uno de los grandes aciertos de la noche. (Foto Félix “Ayala” Guayciba)

El viernes el festival fue inaugurado por el trompetista Luis Aquino, a quien conocimos en la salsa junto a Gilberto Santa Rosa y en el merengue con Elvis Crespo, además de tocar en giras de Yanni, Ricky Martin, David Bisbal y Alejandro Sanz.

Aunque son obvias las influencias de Chuck Mangione y Herb Albert, su bagaje en la música latina lo encamina a paso firme como exponente de expresiones como el pop y ‘smooth’ jazz que, con el complemento de sus conocimientos en armonía moderna y su experiencia con los sonidos contemporáneos, lo colocan a la vanguardia de la trompeta.
Aquino debutó como jazzista en Puerto Rico con parte de la secuencia de su primer cd “One”.

El jazz funk “Dance with a Stranger”, el jazz pop de “Demasiado bueno” de Kany García y la adaptación de la balada “Ahora” – popularizada por Yolandita Monge – al ‘smooth jazz’ fueron suficientes para exponer su técnica depurada, buen labio, tono robusto y afinado, y versatilidad en la ejecución del ‘flugel horn’ y la trompeta, incluso con sordina y ‘plunger’.

La presentación de Aquino es memorable y muy digna de un lanzamiento en disco compacto. A lo reseñado, además de subrayar la evolución y el nivel de virtuosismo alcanzado por este joven músico puertorriqueño, cabe añadir el estupendo acercamiento de su trío (Ledif Franceschini en la batería, Víctor Cruz en el bajo y Ceferino Cabán en los teclados) a la pulsación del 6/8 en “Dreaming In Metaphors” y particularmente su musicalidad en “Gingerbread Boy”, estándar del jazz compuesto por Jimmy Heath y grabado por trompetistas como Miles Davis, y el clásico “Typewritter Song” de Leroy Anderson, cuya soberbia interpretación incorporó al público de sus butacas.

La sexta edición del Puerto Rico Jazz Jam fue una producción de Humberto Ramírez y la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

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