Las tallas de Vélez en la San Sebastián

Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Una cosa siempre debe seguir al artista: la rigurosidad de establecer distintivos en las piezas que confeccione. En las obras de Héctor “Machi” Vélez, tallador de santos de palo nacido en Añasco, se evidencia la autenticidad. Sus figuras de los Tres Reyes Magos subidos de peso, de los tres luciendo la negrura de Baltasar o de los tres sin coronas, transgreden el estereotipo que se tiene de estos personajes legendarios típicos de la Navidad puertorriqueña y delatan la forma de pensar del ingenioso creador.

Según explicó, para él la talla de santos es una tarea polémica. A la par con el oficio de hacer figuras de los Reyes Magos, Vélez es un asiduo lector de las diferentes versiones que existen sobre esta historia popular y religiosa. Luego de tanta lectura, este tallador ha concluido que la creación de santos se ejecuta a base de relatos que también han sido creados por el ser humano. Al momento de conformar sus figuras, siente que tiene que “luchar con todas esas versiones”. Así, por seguir la lógica del mercado, aunque a veces traduzca sus interpretaciones e ideologías a las piezas, otras veces tiene que plasmar en ellas las concepciones conocidas por el público en general.

Bajo el techo de un pesebre construido por él mismo para presentar sus piezas en la trigésima feria de artesanía “De Plaza pa’ la San Sebastián”, celebrada en Plaza las Américas del 8 al 11 de enero de este nuevo año, resaltaron diferentes santos: San Antonio Abad – patrón de Añasco –, San Sebastián y los Reyes Magos, además de figuras de Cristo y la Virgen María.

Como anticipo a las esperadas Fiestas de la Calle San Sebastián, el pasillo central del primer piso del centro comercial se transformó en escenario de nuestra cultura. El arte se desbordó; así, el público pudo admirar costura, ebanistería, obras de cristal fundido, accesorios confeccionados con cuero, y otras modalidades de la artesanía. Entre las decenas de quioscos, se distinguía uno por la peculiaridad de simular un pesebre y porque muchas de las figuras que albergaba exhibían la bandera de Puerto Rico por algún lado. Una conversación impregnada de sabiduría popular y de jovialidad dio paso a conocer la trayectoria del tallador Héctor Vélez.

Luego de dejar atrás la timidez que lo asaltó durante los primeros minutos del encuentro, Vélez rememoró los inicios de su carrera en el arte. la fotoEn un afán por querer compartir con la entrevistadora datos de su pasado, narró que desde pequeño estuvo rodeado de esa disciplina académica puesto que su papá dibujaba y su hermana se convirtió en maestra de arte. Sus años universitarios transcurrieron en la desaparecida institución santurcina Universidad Tecnológica y de Ciencias Aplicadas de Puerto Rico. En ese tiempo se interesó por la arquitectura. Después de esa época, hizo de la caricatura su pasión de tal manera que al momento de tallar, se le ha dificultado despegarse de ella.

Tener conocimiento de la arquitectura y la caricatura le ha beneficiado y complementado el ejercicio de tallar madera. Su afición por la talla de santos comenzó en 2003, época en la cual tomó un curso con la profesora Lourdes Aquino, quien le enseñó a manejar la madera. A partir de ese momento, ha ido perfeccionando su desempeño como tallador teniendo en cuenta lo aprendido en ese curso, pero sin querer copiar a su maestra. Un sello que les implanta a sus piezas es que las personifica; les otorga diferentes rostros: “las obras se parecen a mí porque me miro al espejo para perfeccionar los rasgos de las caras de los Santos”. Ese toque de humanidad, además de distinguirlo entre otros, es un incentivo para los clientes, que emocionados exclaman al ver alguna pieza: “¡mira, se parece a papi!”.

De hecho, la retroalimentación del público durante una estadía en Arizona por tres años y otra en Orlando por un año atestiguó la importancia de esa característica de Héctor de querer ser único y de que, por revelar quién es él, sus piezas llamen la atención.

Con esa base tan bien cimentada, decidió licenciarse como tallador de santos por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, por la Compañía de Turismo de Puerto Rico y por el Banco Gubernamental de Fomento.

Aún con tantos peldaños escalados, “nadie es profeta en su tierra”, comentó Vélez refiriéndose a que en su pueblo natal el mercado artesanal no tiene mucha movida. Es por eso que, para vender su arte, participa en varios festivales a través de la Isla como el Encuentro de Santeros en Orocovis y la actividad que hace en Juana Díaz los 5 y 6 de enero. Además, participa en las ferias de artesanía que organizan en Plaza las Américas cada tres meses y acude dos veces por semana al Paseo la Princesa para exhibir y vender sus obras al público local y de turistas que visita la ciudad capital.

Aunque no es fácil para él viajar constantemente casi de un extremo al otro del País, continúa con la talla porque le “encanta su labor artística” y porque considera que su oficio tiene la encomienda de “mantener la tradición de los Santos”. En vista de que las ventas “estuvieron flojas” en la pasada época navideña, Héctor tuvo que utilizar una estrategia de mercado: incursionar en la talla de ángeles. Según él, la figura del ángel es más universal que la de los Reyes Magos y es posible que atraiga más a los turistas. A manera de broma añadió: “ y pa’ que salgan más baratos, cero ojos y cero boca”.

Por otro lado, otra medida de mercadeo que utiliza es diferenciar la madera; para reducir el costo de la figura utiliza cedro, pero para aumentarlo trabaja con caoba. Es cierto también que “no importa la madera, sino quién haga la obra; la fama del artista”, afirmó Vélez para evidenciar que la vertiente económica de la faena artesanal, muchas veces, propicia sacrificar el arte.

El oficio de tallar madera es sinónimo de meticulosidad. Así como Héctor Vélez tiene una fijación con detallar bien los ojos de sus piezas, él placer que siente al tallar se fija en sus manos y en su corazón y se desborda en las diligencias que realiza para mantenerse tallando santos. El cuidado que le pone a cada figura evidencia un trabajo bien pensado, que le fluye con naturalidad y hecho con la verdadera intención de expresarse a través del arte.

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