Regresan ‘Dos locos con suerte’

Por Alina Marrero
Por Fundación Nacional para la Cultura Popular

Sucedió el viernes 26 de septiembre. Se supone que iría a la función de las siete y media, pero yo estaba por ahí como están, no digo los locos que viven sus tiempos en la felicidad, sino como las personas “normales” que tienen mucho que hacer y poco tiempo disponible para la locura. Así que llegué a las 8:30, justo para la función de las nueve de la noche. “Dos locos con suerte” tenía casa llena; eso advertí. De modo que, mientras esperaba, me entretuve descubriendo el ambiente. Era la primera vez que iba a Cinema Bar 1950, en el Cuartel Ballajá del Viejo San Juan.

No tengo que decirles que, a esa hora, el Viejo San Juan se enciende. No obstante, entre todos los edificios coloniales, sobresale la iluminación mágica de Ballajá. El edificio, por fuera, se pinta de colores; pero quien se anima a explorar el patio interior, queda cautivo de esplendor. Si la antesala de Cinema Bar 1950 es el camino hacia el Viejo San Juan, la sala del restaurant es el patio interior de Ballajá. Tenía media hora para hacerme la mejor amiga de los empleados y maravillarme con los detalles de la barra, de las mesas exteriores en la entrada, de los afiches, de las lámparas y hasta para asomarse, sin permiso, a uno de los dos cines (el que no estaban usando), el cual me encantó.

Se trata de dos cines idénticos, pequeños, muy íntimos, con lamparitas de época y mesitas entre los cómodos asientos. “Me puedo tomar un mojito (especialidad de la casa) y comerme unas tapitas mientras veo la función”, pensé. Así estaba yo, pensando en cuál mojito iba a ordenar -si “Taxi Driver”, “Amores Perros” o “Cinema Paradiso”-; y, también, en las tapas que me iba a comer, cuando escuché las risas que salían detrás de la puerta que cerraba el cine donde se presentaba la función. Siete minutos más tarde, el público abandonó la sala: algunos se reían, otros sonreían. Sin duda, la pasaron bien.

“Dos locos con suerte” es el trabajo colectivo de tres teatreros: Carlos Vega, Pedro Telemaco y Omar Torres. Conforme informó el director de la pieza -Omar Torres-, la idea de hacer una producción (entiéndase proyecto de autogestión) surgió de Vega y Telemaco, quienes querían montar una obra de teatro pero no sabían cuál. En ésas, lo invitaron a dirigir y comenzaron los trabajos de mesa donde se desarrolló la pieza que firman los tres. El resultado fue una simpática obra de teatro de 50 minutos de duración, refrescante y dinámica, a pesar del dramatismo de los temas. Torres, a quien pertenece el concepto del montaje, también dijo que la obra se inspiró en cuentos y vivencias cotidianas. Hicieron trabajo de mesa por dos semanas y ensayaron la obra durante un mes.

Empezó la obra y, mojito en mano, conocimos al Doctor, convincentemente interpretado por Carlos Vega. Este personaje abrió la puerta por la cual entró el público a la sala; y, entonces, subió al escenario. Desde antes de que soltara una palabra, ya tenía aires de doctor; y no porque luciera una bata blanca o porque así lo indicara un diploma colgado de una pared. El escenario era en verdad pequeño y la escenografía, que ocupaba casi todo el espacio, consistía de una mesa y dos sillas. Vega se veía muy cómodo luciendo la personalidad de un médico. Cuando el personaje comenzó a dar rienda suelta a su propia locura, se supo que el médico era experto en cuestiones de enfermedades mentales.

Este doctor, “más loco que las cabras”, padecía de una enfermedad mental mejor conocida como delirio alucinatorio

La obra regresa al Cinema Bar del Viejo San Juan. (Foto suministrada)
La obra regresa al Cinema Bar del Viejo San Juan. (Foto suministrada)
esquizoide, producto de la forclusión del significante paterno. Dicen por ahí, a mí no me lo crean, que forclusión es un término que fue acuñado en sicoanálisis por Jacques Lacan, para traducir la palabra “Verwerfung” (rechazo), empleada por Sigmund Freud en 1894 en relación con la sicosis, en el tercer apartado de su artículo ‘Las neurosicosis de defensa’, a propósito de la psicosis alucinatoria. Se dice, además, que la forclusión puede deberse a que el padre o la madre no han sabido transmitir, por medio de su discurso, la función paterna, que permite que el niño pueda representar la instancia mítica. Esto impide la metáfora y deja al sujeto en una lógica delirante, en donde las cosas no son representadas por las palabras.

Que baste en estos momentos con saber que este doctor veía y hablaba con su esposa muerta y la tomaba en consideración, como si estuviera viva; y que, en esas condiciones, este doctor era responsable de la salud mental de sus pacientes. Recién nos estábamos enterando de todo esto, cuando el mismo doctor anunció que un hombre con un catastrófico complejo de Edipo sería su próximo paciente. No pasó mucho tiempo cuando conocimos al Paciente, muy bien interpretado por Pedro Telemaco (todavía me río cuando recuerdo sus miradas) y fuimos testigos de su más que deplorable condición.

Este paciente deseaba que el Doctor atendiera a su madre, pero el Doctor estaba más interesado en atenderlo a él. Así se fueron dando una serie de situaciones que, por patéticas, eran muy risibles, hasta que nadie en el público pudo identificar quién era el paciente y quién era el doctor. Uno se convirtió en el otro y, al final, por la guiñada de Carlos Vega al público, nunca supimos cuál de los dos sostenía el control. El drama desarrollado en cooperativa por el trío de teatreros tenía aires de Pirandello.

Cabe destacar lo que podemos lograr cuando tenemos muchos obstáculos y mucho corazón. Ante la falta de empleo, familiares y amigos bien intencionados nos aconsejan buscar otros trabajos y nos reprochan el haber elegido mal la carrera. Hasta es posible que lo hayamos considerado. Pero profesionales como Carlos Vega, Pedro Telemaco y Omar Torres procuran su autogestión. En la búsqueda surgen trabajos excelentes y, a veces -como en este caso-, una buena obra de teatro. La autogestión puede generar empleos y el corazón cumple con una gran misión. De esta forma, surgen corrientes y estilos históricos; nuevas formas de ver las cosas; caminos donde abarcamos más.

“Dos locos con suerte” volverá a subir a escena en Cinema Bar 1950 (Calle Norzagaray, Esquina Calle Morovis, Viejo San Juan), el próximo 24 y 25 de octubre, con funciones a las 8:30pm. ¡Que sean muchas más!

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