Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
“[…] a Julia de Burgos la llamaremos Poeta ahora, después y siempre. Y no porque la recordemos. Y sí porque la sentimos. Que como un grito integral, suave y profundo, estalló de sus labios la palabra”.
La libertad de la indeterminación del tiempo es encarnada por nuestra poeta nacional en estas palabras de Luis Rafael Sánchez. A Julia no la ha acallado el viento; al contrario, continúa presente en esa imaginada franja temporal que es tan libre como la eternidad.
La exhibición “Julia de Burgos, hija de la Libertad”, abierta al público esta semana en la Antigua Casa Alcaldía de Caguas, pretende exaltar la libertad que Julia plasmó tanto en sus versos nacionalistas, como en su grito de negritud o en su fervor amoroso. En toda su poesía está presente la ideología de independencia porque el transcurso de su vida, desde su niñez, estuvo matizado por ese sentimiento. Como parte de la ceremonia de apertura de la exposición, la sobrina de la poeta, María Consuelo Sáez Burgos, ofreció una magistral conferencia en la que hilvanaba episodios de la vida de Julia con los poemas que esta produjo.
María Consuelo narró que el papá de su tía, Francisco Burgos Hans, influyó grandemente en ese sentido libertario.
Por su parte, Paula García, madre de la poeta carolinense, le transmitió la sensibilidad. María Consuelo compartió con el público las historias de cuando Julia y Paula iban al río a lavar ropa. Ya desde la infancia Julia de Burgos se sentía libre; libre para dejar volar la imaginación tras escuchar los cuentos que le narraba su madre; libre para, luego de que el río la mojara, treparse en un árbol y comenzar a mover los brazos para que el sol y la brisa la secaran.
“El amor por la libertad nació con ella”, así lo expresó la sobrina. Por eso, amaba el campo donde vivió gran parte de su niñez; por eso fue nacionalista y tuvo tanta empatía con los grupos a favor de este ideal; por eso tuvo la libertad de amar a tres hombres (conocidos públicamente); por eso las limitaciones económicas que siempre la acompañaron no impidieron que ella imaginara y transformara lo imaginado en acción.
Aunque de joven adulta sintió en carne propia las limitaciones que le impusieron la sociedad y el contexto histórico: el prejuicio por clase, género y convicciones políticas, y la escasez económica, Julia de Burgos jamás dejó de crear. Quizá porque en versos volvía a ser la niña del campo de Carolina. A lo mejor porque convertida en poesía gritó libremente su realidad y la de muchos otros. Tal vez porque, al escribir, realidad y libertad se hacían una, y se transfiguraban en ella.
La exposición “Julia de Burgos, hija de la Liberta” estará abierta al público hasta el próximo 15 de noviembre, y