Kianí e Ileana: Lo bueno se pone mejor

Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado febrero las jóvenes cantantes Kianí Medina e Ileana Cabra cosecharon sonoros aplausos en un magistral encuentro titulado “Tributo en 33 r.p.m.”. Sus voces, enmarcadas en un interesante escogido de canciones, tomaron a muchos por sorpresa en dos funciones repletas realizadas en un escenario íntimo del Viejo San Juan. Mas sin perder tiempo, el binomio se ideó un nuevo encuentro y, como quien sube de grado, llegó al circuito teatral de Santurce para reafirmarnos claramente que lo bueno puede ponerse mejor.

Con sabiduría y dedicación, Kianí Medina, Ileana Cabra y todo un atinado equipo de producción convirtieron el teatro El Josco en un centro nocturno llamado Galillo Club. En un marco a la usanza de los centros nocturnos capitalinos de la década de 1950, la escenografía a cargo de Mark Rivera, junto a un programa de mano – diseñado por Tony Rodríguez – quien se inspiró en aquellos utilizados en centros como El Escambrón y el Normandie – sentaron las bases para lo que estaba por verse. La voz del anfitrión anunció entonces el comienzo del espectáculo. Y bajo los aplausos efusivos del público, aparecieron las estrellas de la noche al son musical de “Convergencia”.

La fórmula fue surtiendo su efecto de conquista alternando las voces de dos talentos jóvenes que, aunque diferentes en estilos y alcances interpretativos, supieron complementarse en un nuevo encuentro escénico en cordial camadería y ejemplar compañerismo. Así, en esta “temporada” en el “Galillo Club”, Kianí e Ileana se integraron a la perfección, plantando bandera por separado y en conjunto.

Kiani Medina interpretó una novedosa versión de “Di corazón”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Kiani Medina interpretó una novedosa versión de “Di corazón”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)
A todas luces, Kianí Medina es pura fuerza interpretativa. Su voz potente y clara nos llevó desde lo íntimo y sublime, hasta las vertientes liberadoras del jazz, dominando el repertorio tanto en inglés como en español. Hija del maestro Jerry Medina, Kianí es de esas figuras que ha sabido absorber todas las influencias musicales a las que ha estado expuesta desde la cuna. Y a decir verdad, las domina con respetable maestría. De hecho, su potencial en el difícil género del filin es, sin miedo a equivocarnos, verdaderamente incalculable.

Ileana Cabra, por su parte, fue la voz sutil de la noche. Si bien inicialmente se proyectó tímida, la también llamada “PG-13” en el mundo de la música urbana, demuestra sabiduría, compromiso y profundidad en el escogido de sus canciones. Con este elemento a la mano, hay una identificación clara de la artista con su repertorio. Esa compenetración se torna entonces a su favor, disipando así cualquier duda sobre su potencial escénico a través de la canción.

Si bien Ileana alcanza momentos dramáticos gracias a la intensidad de su versión de “Balada para un loco” y un tema de corte flamenco popularizado por Lola Flores, su “Máscara” de Edmundo Disdier, junto a “Juguete” de Bobby Capó y “No te importe saber” de René Touzzet fueron aciertos de su repertorio romántico para esta velada. Junto a ellos “Sulky”, acompañada por Bayoán Othualí en la guitarra y Arturo Ríos en el bombo latinoamericano, dio un toque sublime y enriquecedor al programa musical.

Los Jingle Balls – integrado por Kianí, Juan Pablo Díaz e Ileana – pusieron una nota refrescante al espectáculo cantando la versión al español de “Mr. Sandman”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Los Jingle Balls – integrado por Kianí, Juan Pablo Díaz e Ileana – pusieron una nota refrescante al espectáculo cantando la versión al español de “Mr. Sandman”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Kianí, por otro lado, brilló en su entrega del folklórico “Tabú”, su intenso “Todo y nada”, la maternal nana cubana “Drume negrita” y su innovadora versión de “Dí corazón” de nuestra Sylvia Rexach. A ellas se suma su abordaje de “La mazurquica modérnica” de Violeta Parra, – la que interpreta con un travieso juego de palabras – y los temas sajones “Alone Together” y “Just One of Those Things”.

Más allá de los grandes aciertos por méritos propios de cada una de las intérpretes, el programa guardó espacio para unos juntes mágicos durante este encuentro. Como ejemplo, “Mr. Sandman”, interpretado por Los Jingle Balls (Kianí, Ileana y el invitado Juan Pablo Díaz) fue una nota refrescante que con sus armonías vocales nos recordó la gesta del cuarteto boricua The Four Amigos que, en la década de 1960, conquistaron laureles no sólo en el mundo sajón sino también en Europa y Asia. Esto sin obviar que también formaron parte de bandas sonoras de dos películas de Elvis Presley.

De otro lado, uno de los puntos culminantes de la noche lo fue la interpretación del tema “Hermano boricua”, obra que nos remonta a los tiempos de militancia política del inmortal Davilita. Su mensaje claro y comprometido impactó a un público compuesto mayormente por jóvenes que, a juzgar por la reacción, probaron que la letra, compuesta hace ya seis décadas, no ha perdido vigencia en la conciencia colectiva.

Ileana Cabra impartió un toque dramático al cierre del espectáculo con “Balada para un loco”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Ileana Cabra impartió un toque dramático al cierre del espectáculo con “Balada para un loco”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Ya como cierre, el romántico “A mi manera” del cubano Marcelino Guerra, marcó el sello triunfal de las jóvenes en estas dos funciones en el Galillo Club. Los aplausos fueron cerrados y los vítores de una concurrencia puesta en pie se prolongaron por varios minutos. Esos aplausos, ganados en buena lid por el binomio protagonista de la noche, fue extensivo al maestro Jorge “Bebo” Rivera en su impecable dirección musical y al equipo de jóvenes profesionales de la música que comandó: Luis Rodríguez (bajo), Efraín Martínez (batería), Ismael Cancel (batería y percusión), Jafet Murgia (percusión), Javi Pérez (guitarra) y Arturo Vergés (trombón).

Así, en alto, cerró este memorable encuentro del Galillo Club en el Teatro El Josco de Santurce. Que haya jóvenes dispuestos a realizar producciones como ésta es, sin lugar a dudas, un aliciente prometedor para el espíritu de un pueblo como el nuestro. Pero lo mejor de todo es saber que esa juventud sabe enfrentar la responsabilidad de subir a un escenario con respeto y conciencia de su historia. Por eso esta puesta en escena de Kianí e Ileana en el Galillo Club triunfa. Los aplausos son más que merecidos… Ahora que venga lo próximo…

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