Esfuerzo válido en la ‘Viudez’

Por Miguel Diffoot
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Un largo banco cruza el escenario diagonalmente. Está pintado de un verde muy suave al igual que el piso, dando la sensación de que los intérpretes están en un levitar constante, en un área fuera de este mundo, provocando de entrada una sensación de irrealidad. Llega el actor (Luis Enrique Romero) dando cuenta de su vida, del tiempo que corre, pero vestido de manera casual y divertida, queriendo aparentar lo que no es anímicamente ni cronológicamente. Llega la actriz (Anamín Santiago) vestida de negro, de luto sensual y provocador, que contrasta con el nerviosismo que articula en sus acciones y decires. Un tercer personaje (Axel Serrant), de género desconocido, aparece para hacer las veces de narrador, otras de árbitro, de una manera circense, extravagante y estridente, con diferentes atuendos, rompiendo así las escenas con gestualidad y voz altisonantes.

“El día nacional de la viudez” tal vez evoque, como título, otros esfuerzos de comedia liviana que han llenado las salas con risas estentóreas, pero este “día” no es un día cualquiera. Esta “comedia macabra” trae sus risas -sobre todo con el aluvión de personajes-seres interpretados con fuerza, precisión y comicidad por Axel Serrant-; y, además, presenta y celebra la viudez, siempre a la espera de un tren que nunca llega. La violencia doméstica, la soledad, el devenir patrio y el crimen son los temas de esta ensordecedora comedia, ambientada por el saxofón de Janice Maisonet.

Es interesante ver cuando dos intérpretes trabajan mano a mano, disfrutan de su oficio y relatan historias cercanas a nuestra realidad social, pues se convierten ante nuestros ojos en un solo ser. La “viuda” de Santiago y el “viudo” de Romero, aunque personajes dispares, logran una simbiosis escénica genuina y apreciada. La pieza de Anamín podría sobrevivir con tan solo estos dos personajes, pero sería un montaje completamente diferente al requerido en este experimento arriesgado, el cual agradecemos. En ocasiones es tedioso asistir al teatro para ver la misma obra una y otra vez. El elemento sorpresivo que rompe los esquemas y que, sin pudor, se lanza al ruedo no es algo que se logre con éxito. Por suerte, no solo contaban con la mente inquieta de la autora si no que añadieron al equipo a una directora dispuesta a enloquecer y volcar su imaginación. Alina Marrero era la persona indicada para ello.

Las actuaciones estuvieron a la altura de la ocasión brindando energía, precisión y rigor al proceso. Luis Enrique Romero es un actor instintivo y terrenal, trabajando liviano y en comodidad en escena; contrario al estilo de Anamín Santiago, quien es más técnica y cerebral en su hacer. Sin embargo, logran unir sus talentos y estilos trabajando armoniosamente. Axel Serrant es una obra aparte, un performance que abruma y estimula, que aturde y divierte, que entrelaza las escenas pero que, a su vez, cercena la acción sorpresivamente en cada entrada. ¡Muy bien!

La magia de la dirección consiste en experimentar sin dejar huecos en la trama. En ello se nota la mano tejedora de Alina Marrero. Los rompimientos fueron muchos y nunca sutiles, pero aun así la historia contada por estos dos seres viudos no sufrió las inclemencias del jolgorio musical y circense que les rodeaba. Estupendo esfuerzo.

Ficha técnica

Dirección: Alina Marrero; Asistente de dirección y regidor de escena: Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez; Concepto artístico: Alina Marrero; Realización de escenografía: Jesús Aguad y Astrid López; Diseño de iluminación: Kike Benet; Realización de luces: En Cue; Maquillaje: Roberto Díaz; Tramoyista: Jesús Aguad; Fotografía: Eric Borcherding; Diseño gráfico y programa de mano: José (Gigio) Esterás.

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