El siempre apasionado Elmer

Por Waldo D. Covas Quevedo
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Le costó literalmente sangre pero logró sus sueños de combinar su pasión por la música, las Antillas, la educación y la radio y tiene su alma entregada en un próximo proyecto radial.

Se trata de Elmer González Cruz, productor y animador de los programas “Son del Caribe” y “Son de Cuba” – transmitidos por Radio Universidad de Puerto Rico – quien también ha contribuido con los principales periódicos de Puerto Rico y algunas de las mejores revistas de jazz del mundo.

El pasado 29 de marzo González compartió con Norma Salazar y el grupo Pleni Bom la presentación de “Julia mía; Julia de todos” en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
El pasado 29 de marzo González compartió con Norma Salazar y el grupo Pleni Bom la presentación de “Julia mía; Julia de todos” en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
González Cruz, un mayagüezano quien ha divagado por todo Puerto Rico y algunos puntos de los Estados Unidos, se dejó llevar por sus circunstancias y el destino, sobreviviendo a duras penas sus humildes orígenes hasta reunir sus experiencias y penurias y convertirse en una autoridad en las ondas radiales.

A pesar de que su origen y su afable conversación es sumamente sencillo, su trayectoria es meteórica y sus conocimientos y logros son envidiables.

La historia de González Cruz parecía un matrimonio inevitable con la radio. Su abuelo era un conocido músico y su padre mantenía un programa radial religioso en la estación de radio WKJB de su natal Mayagüez.

Aunque su abuelo era director de la Escuela Libre de Música de Mayagüez, la unión de músicos y la Orquesta Happy Hills, así como violinista y bajista, González Cruz nunca estudió música.

Desde niño soñó con ser violinista de una orquesta sinfónica porque la música clásica fue su primer amor, aunque nunca intentó aprender a tocar ningún instrumento.

A los seis años de edad, su gusto musical atravesó una transformación cuando escuchó la orquesta de Rafael Cortijo e Ismael Rivera en 1957 y el número “Calipso, bomba y plena”.

Luego, en su adolescencia, escuchó la canción “Desafinado” compuesta por Antonio Carlos Jobim y Newston Mendonça, la cual le provocó su atracción hacia el bossa nova y el jazz.

Poco después, se interesó por la salsa y llegó a ser miembro fundador de la orquesta Corporación Latina, la cual abandonó al entender que su talento era insuficiente para destacarse como sonero.

La Corporación Latina “alcanzó fama una vez cambió el cantante, porque yo no era tan bueno”.

Tras abandonar la orquesta y graduarse de escuela superior en el Instituto Comercial de Río Piedras en 1984, se matriculó en el Recinto Universitario de Mayagüez, donde, debido a la falta de recursos económicos de sus padres, trabajó en una imprenta a tiempo parcial y diseñó un sistema para vender su sangre con mayor frecuencia que la que exigían.

González Cruz explicó que los laboratorios pagaban $15.00 por pinta de sangre pero establecían un periodo de espera entre una y otra extracción, por lo que él y sus amigos acudían a diferentes laboratorios o cambiaban sus nombres para burlar al sistema y vender su sangre con mayor frecuencia.

Para esa época, ya sus padres se habían mudado del área oeste a Bayamón, Guaynabo y Puerto Nuevo, después de haber vivido en Aguadilla, Las Marías y el residencial público Columbus Landing de Mayagüez, donde González Cruz pasó sus primeros años de vida.

Se graduó del Colegio Universitario de Mayagüez de contabilidad y mercadeo con una concentración menor en educación. Al graduarse, laboró como contable y trabajó en la consola, ventas, administración y noticias de la estación de radio de Aguada WTPM.

Su continuo interés de superación lo llevó a la Universidad del Estado de Michigan, donde hizo una maestría en administración de medios de comunicación que completó en 1984, en esta ocasión, contrario al caso de Mayagüez, con una beca completa para sus cursos académicos y su alojamiento. Los otros gastos inherentes a su estadía en Michigan, los costeó su esposa de entonces y madre de sus primeros dos hijos.

Al regresar a Puerto Rico, consiguió trabajo de inmediato como profesor de comunicaciones en la Universidad del Sagrado Corazón, donde es catedrático desde 1984 y actualmente dirige el Departamento de Comunicaciones.

En el año 2000, acudió a Radio Universidad, la estación de frecuencia modulada de la Universidad de Puerto Rico, y les hizo una propuesta para producir el programa “Son del Caribe”, la cual fue aceptada y desde entonces se transmite a diario a las 2:00 p.m.

Dos años más tarde, cuando Cristóbal Díaz Ayala dejó de producir su programa “Cubanacán”, González Cruz le propuso a Radio Universidad producir su programa “Son de Cuba”, el cual se transmite desde entonces los viernes a las 9:00 p.m. y se retransmite los domingos al mediodía. Este programa nació de su inquietud de que ningunas de las Antillas han compartido tanta música como Cuba y Puerto Rico.

Allí en Radio Universidad conoció y desarrolló una amistad con el compositor puertorriqueño Catalino “Tite” Curet Alonso, de quien aprendió mucho de la música de Cuba, lo que le ha convertido en un experto en su música y le ha llevado a La Habana en numerosas ocasiones como invitado de sus instituciones culturales.

Sus programas radiales son retransmitidos en Bogotá y Cali, Colombia, y a través de una red de radio bilingue que abarca desde el centro al oeste de los Estados Unidos.

Es coautor del libro “La Marcha de Los Jíbaros”. Fue columnista durante 20 años de la revista estadounidense Latin Beat hasta que ésta desapareció y ha colaborado con reseñas musicales en los periódicos Claridad, El Nuevo Día, Primera Hora y la revista Resonancias del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Además, ha escrito reseñas de música clásica y jazz para el periódico El Vocero.

A pesar de que sus programas radiales están dedicados a la salsa y la música afroantillana, asegura que en los últimos años su género favorito ha sido el jazz.

3c-elmer-norma-642014“Mi elección siempre por los últimos años ha sido el jazz”, afirmó. “Es mi tipo de música favorita”.

Aunque comenzó como un pasatiempo, la radio se ha convertido en el centro de las pasiones por la enseñanza y la música que balancea a diario.

“Ser profesor me fascina y para mí es primordial”, mencionó González Cruz, quien diseñó el curso de apreciación de la música afroantillana en la Universidad del Sagrado Corazón. “La radio es un instrumento que hay que manejar con mucha responsabilidad”.

Explicó que siempre tiene muy presente el respeto, la armonía y nunca promueve que se denigre a la mujer y, si considera que alguna de las canciones que reproduce incurre en esto, aprovecha para explicar las razones históricas que dieron base a dicha letra de la canción.

González Cruz planifica consolidar aún más la combinación de sus pasiones en nuevos espacios radiales o modificar en los que trabaja al presente.

Dijo que está planificando desarrollar un programa tipo serie para hacerlo más didáctico y enfatizar el contexto histórico, en el que pueda educar sobre el por qué en ciertos años se dieron ciertas letras a las canciones, como consecuencia de eventos sociales, políticos y económicos y cómo éstos influyeron, por ejemplo, en el caso de Héctor Lavoe, por la emigración de los puertorriqueños en búsqueda de mejores oportunidades.

A largo plazo, evalúa desarrollar un curso de historia de Puerto Rico a través de sus canciones.

“Las canciones, no nacen de la nada”, concluyó.

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