Axel… aquel eterno galán

Por Ileana Cidoncha
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Para empezar, tenía unos ojos que siempre dejaban en duda si reflejaban el azul del cielo o si irrumpían del oceáno Esmeralda que baña el Norte de la Isla. Ni azules ni verdes, daban vida al rostro de facciones aguileñas, de tez muy clara en las teutónicas ascendencias del príncipe para Blanca Nieves o para Aurora. ¿Y la voz? Torrente argentino de tangueado acento, misterioso parloteo con el vos de Buenos Aires, que al caribeño oído prenda irremediablemente. Galán por antonomasia que en los arbores de la television puertorriqueña entró por la pantalla chica a las salas de aquellos hogares que gozaban de un televisor alrededor del cual se aglutinaban embelesados todos los vecinos que aún no se decidían a coger el “fiao” en la mueblería de su predilección.

Axel Anderson llega al País desde la Argentina vía Colombia y Santo Domingo a finales de 1955 con el encanto extranjero – hoy tan cotizado en la protagonización de telemedoramas – al que le añadió el magnetismo de fruta prohibida, pues lo acompañaba su flamante y atractiva esposa-actriz Helena Montalbán, quien a su vez destroza los coracones de los archimachosos televidentes del patio. “Qué pareja!”’ fue el programa que Axel logró vender a Telemundo, cuando se adelantó desde la República Dominicana a probar fortuna en la Antilla Mayor. Los contrataron por 13 semanas que se convirtieron en 13 meses, en 13 años.. en varias décadas…

Asomo a la escena nacional –

“Teníamos que escribir el programa, actuarlo, producirlo, dirigirlo y, además, contratar nosotros mismos los artistas del presupuesto mensual que nos pagaba”, apuntaba mientras recordaba con cariño los actores fijos que participaron: Doña Laura Martel en el inolvidable personaje de Clodomira, Víctor Arrillaga, Alicia Moreda, Marta Bozo, la madre de Frank Marrero, quien a su vez hizo su debut en television en el programa junto a Braulio Castillo, padre.

Rápidamente se sucedieron las obras de teatro y los programas dramáticos como “Los domingos de amor Palmolive”, las novelas cortas que duraban una o dos semanas, hasta la primera de larga duración que arrebató el País: “Cuando los hijos condenan”. “Todo se detenía para verla, aún la Lagislatura interrumpía la sesión. La estiraron muchísimo, hasta el punto que nos reunimos Helena (hacía de su madre y la madre de Mario Pabón), Arrillaga, Caicoya, Alicia Moreda y Roberto Rivera Negrón una noche en casa del autor Manuel G. Piñera, para ver cómo la terminábamos al fin”.

En esa novela Axel y la beldad boricua Marta Romero se dieron el “primer beso de verdad” en pantalla. “Marta es el prototipo de la mujer caribeña… y hay tan pocas que lo son…”. Comentaba el actor, quien se manisfestaba un admirador de la fémina puertorriqueña por seguir siendo tan femenina aun cuando compite de tú a tú con el hombre, aventajándolo. “En este País hembra, porque hasta sus contornos suaves son femeninos, la mujer es institintivamente adelantada, de mentalidad liberal en el mejor sentido, pues acepta y comprende cosas de otros seres humanos como ninguna. No hay nada más heroico que la mujer divorciada con hijos que tanto abunda en nuestro País”.

Y en primera persona plural se refierería a Puerto Rico, el argentino-alemán Axel Anderson para quien el salto del Cono Sur al Archipiélago Antillano no fue el primer gran cambio en sus intensa vida. Como bien decía Anderson – apellido que adoptó por la cantante norteamericana negra Marian Anderson a quien admiraba – el destino no se podía provocar ni prever.

Una familia en busca de paz –

Un niñito de siete años llamado Axel Levy, hijo de doña Kate y don Leo, hermano menor de Gerd, fue súbitamente arrancado del contorno familiar de su Berlín natal, de sus bosques germanos que bordean el Danubio, para cruzar los mares en un buque danés que los llevó a Montevideo, rumbo a Paraguay, país que había acogido a la familia judía que escapaba de la persecución hitleriana en 1937. Mas el Paraguay no sería jamás su destino. Una crisis en ese país sin puerto canceló las visas, de manera que don Leo y su familia tendrían que volver a Alemania. Imposible. Una asociación de refugiados judíos en Uruguay los protegió, enviándolos en un bote de remos que los contrabandistas de licor de guindas y de seda utilizaban para cruzar el río que divide ese país de la Argentina. Recordaba unos inmensos pajarracos que sobrevolaban el bote y la frase lapidaria de su hermano, filósofo de 10 años: “Por un poco de paz todo lo que tenemos que pasar”.

Impresiones imperecederas. En un tren de vapor que los llevaba de la provincial de Entre Ríos, donde los dejaron los contrabandistas, hasta Buenos Aires, estos niñitos que, además, de saberse ilegales no entendían palabra, aterrorizados ante un gaucho – un extraño señor de barbas negras – que sostenía un pedazo de tasajo en la boca mientras partía un trozo con un falcón. Léase un cuchillo matarife. El barbudo campesino les decía algo. Más pánico. Al paso del tiempo Axel entendió que el amigable compadre les ofrecía de su carne seca. Fueron ilegales dos años y apátridas, pues Hitler les quitó la nacionalidad a los judíos alemanes. Más tarde Axel y Gerd recobraron su ciudadanía alemana, mientras que sus padres siguieron siendo no-argentinos, condición legal que existía según explicaba el propio actor.

Histrión y director –

En 2009 Axel Anderson formó parte del elenco de la aplaudida obra teatral “Agosto: Condado de Osage” que presentó Tablado Puertorriqueño. En la foto le acompañan, de izuqierda a derecha, Yamaris Latorre, Gladys Rodríguez, Cristina Soler y Sara Jarque. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)Profesión que adquiere por casualidad al unirse con su hermano a un grupo vicinal que montaba obritas. Su hermano, quien vivía en Nueva York, lo abandonó y Axel encontró el sendero que lo apasionaría. Del barrio pasó al Teatro Alemán Independiente cuyas obras se hacían en alemán. Excelente escuela para el joven de 17 años que había terminado la primaria y trabajaba para aportar a su hogar que había aumentado con una hermana nacida en la Argentina. “Soy un actor sin inhibiciones, dipsuesto a hace cualquier papel del génerop que sea. Como actor soy un labriego. Como director, sin embargo, no soy exquisito ni dictatorial, pero tengo que tener un concepto de la totalidad de la obra que me proponga dirigir”, decía. Y aunque se consideraba un trabajador del mundo del espectáculo, la dirección teatral era lo más que le entusiasmaba.

Sin embargo, para Axel, lo más delirantemente fascinante, después de su trabajo, era la política. “Ni corro, ni hago deportes, ni viajo”, advertía. Aparte de cuatro años de buscar fortuna en Europa allá para 1962, no tenía pasatiempos que no fuera seguir la política local e internacional pues nada le parecía más fascinante que el devenir de un hombre sobre el planeta. De hecho, si no hubiese sido actor, habría sido politico o abogado. Pero Axel logró vivir de su profesión y esto colmó sus más elevados sueños. Jamás pensó en nada tan encumbrado como ser estrella internacional. Pero un día le dijo a su padre: “quiero vivir de mi oficio”. Lo hizo. Y, en su país de adopción, vivió, trabajó y partió siendo una estrella cotizada y admirada.

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