Misa de aniversario y recordación

Por Adriana Pantoja
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Comenzó el mes de agosto y la Fundación Nacional para la Cultura Popular emprendió una serie de actividades que conmemoran su décimo sexto aniversario. La primera en la lista fue una Misa de Bendición y Recordación. La misma fue oficiada por el Padre Cummings, Monseñor de la Catedral del Viejo San Juan, el pasado 1 de agosto de 2012, a las 7pm, en la sede de la entidad, ubicada en la Calle Fortaleza, #56; y también fue transmitida vía Internet (Para ver la grabación oprima aquí). Con la participación del Coro San José (Ministerio de Camuy), bajo la dirección de Lucecita Soler, la actividad fue una solemne, pero igualmente muy amena y sosegada.

“Celebramos a unas personas que fueron Puerto Rico, que amaron a Puerto Rico, que se dedicaron a engrandecer el nombre de Puerto Rico. Cada uno era Puerto Rico en su vida, en su historia […] Por eso, la misa es como una acción de gracias a estas personas que superaron todo aquello que era la mediocridad; y presentaron la verdad de lo que es un país, una nación, una tierra con identidad propia e historia propia […] Todos son personalidades que dieron lo mejor de su libertad, de su inteligencia […] por esta patria. Hay que dar gracias por eso, porque no es echarlos al olvido. No se pueden echar al olvido porque ellos eran patria, historia, puertorriqueños. […] Y por eso damos gracias en esta misa, celebrando sus vidas, celebrando su profesionalidad…”, dijo el Padre Cummings en su sermón.

Algunas de las personalidades a las cuales se les rindió un humilde, pero sincero homenaje en esta Misa de Recordación fueron el cuatrista Yomo Toro; el promotor radial Pedro Arroyo, la cantautora Bertha María, la actriz Ofelia D’Acosta, la publicista Meche Hernández, la fotoperiodista Lilibeth Biggot, la artista gráfica Maritza Irizarry, la foklorista Isabel Albizu, el director y productor Joseph Aguayo, el fundador del Instituto de Cultura, Don Ricardo Alegría; el actor Miguel Ángel Álvarez; el escritor José Antonio Torres Martinó y los cantantes José Luis Moneró; Johnny Albino; Ruth Fernández; Charlie Robles y Sammy Aguirre.

Brindando su bendición y su apoyo incondicional, el Padre Cummings también alabó la ardua y callada pero firme labor de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, una institución de puertas abiertas que, aunque escondida, hace bastante ruido, según sus propias palabras. “Y [damos] gracias porque este lugar, en donde se hace arte, en donde se manifiesta el arte, hoy cumple 16 años […] La Fundación Nacional para la Cultura Popular, un término claro, preciso, de nuestra identidad puertorriqueña […] ¿Como se ha mantenido en estos 16 años esta obra, tan escondidita aquí, pero tan grande en los corazones? Porque siempre hay gente que observará, hay gente que valorizará… otros no, otros se quedan al margen, pero ésos no hacen historia: la historia se hace caminando […] Entonces, a estas vidas, unimos los 16 años de esta institución, para que el Señor siga bendiciendo, uniendo, porque esto es historia también y se hace la historia real de nuestro Puerto Rico […] Gracias a esta institución que pone en claro esto, sin miedo, con amor […] Que esta institución, a sus dieciséis años de aniversario, sea bendecida […] ¡Han valido la pena estos dieciséis años de esta institución! ¡Que Dios les bendiga!”, pronunció el Monseñor, natural en Yauco.

Como parte final de este emotivo y especial evento que marca el comienzo del décimo sexto aniversario de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, cada uno de los presentes leyó citas de los diferentes artistas recordados o, en su defecto, comentarios acerca de su persona, algunos de los cuales se transcriben a continuación:

“Yo no soy niuyorican; yo soy un boricua de pura cepa, residente del Bronx, que nació a la 1:00 de la tarde, el 26 de julio de 1933, en el barrio Ensenada de Guánica. A los seis años surgieron mis inquietudes musicales… Empecé a tocar con tríos, pero el cuatro fue lo que me llegó al alma”, Yomo Toro, músico.

“Más que ser pintor o escritor, lo que más he anhelado es a ser humilde… Me parece que la humildad es la virtud más admirable en un ser humano y, lamentablemente, conozco a muy pocas personas que la tengan”, José Antonio Torres Martinó, escritor y pintor. “Llegué a esta isla a los cuatro años. Y mi formación como ser humano y artista la logré aquí en este país musical; de un público exigente, con un oído musical increíblemente educado. Aquí echo raíces y comparto el día a día de su gente”, Bertha María, cantante.

Amante del ser humano, su genio creativo la llevó a producir artesanías -como Taínos para niños-, el festival de cine internacional Divercine en Puerto Rico, a enseñar en la escuela Montesori del Sol y a crear el Club de ArteImaginarte en Plaza Carolina. Todo sin obviar su gestión con el Fotomaratón de Puerto Rico, su labor como fotoperiodista y la creación del periódico infantil del diario El Mundo. Así de emprendedora y solidaria era Lilibeth Bigott.

“Casi nadie sabe esto; yo no empecé como rockero. A los 14 años, recién llegado de Nueva York -donde me crié-, comencé a estudiar violín con el profesor Pepito Figueroa Sanabria. Lo mío entonces era lo clásico. La fiebre nuevaolera me entró más tardecito y, casi inmediato, me agarró Alfred D. Herger”, Charlie Robles, cantante.

“Dentro de la actuación hago lo que sea y me lo creo. Una vez en ‘No te duermas’ me llevaron un stripper y le toqué hasta las nalgas. ¿Qué iba a hacer?… ¿Dañarle el programa al Gangster? Mis hijos estaban escandalizados. Y yo les dije: “Mis hijos, yo soy actriz. Yo nací actriz…”, Ofelia D’Acosta, actriz.
“Para mí esta tierra es mi patria. Quiero mucho a Cuba, la que tuve que abandonar muy joven. Pero aquí he pasado la mitad de mi vida. Puedo decir sin equivocarme, los mejores años de mi vida. En este país nacieron mis hijos. Son tan puertorriqueños como cualquier otro”, Guillermo de Cun, actor y productor.
“Nací en el barrio Bélgica de Ponce, en el seno de un hogar de músicos. Yo nací y me crié en esto. Lo llevo en la sangre y me sale hacerlo porque lo hacían mis padres. Porque esto es lo que siento”, Doña Isabel Albizu Dávila, directora del Ballet Folclórico Bambalué.

“La música de hoy es menos buena que la de antes porque carece del sentido shakesperiano de decir las cosas. Dicen que la mujer se emancipó hace años y eso estará bien. Pero cualquier mujer prefiere una rosa a un filete. Por eso si le dices ‘perfume de gardenia tiene tu boca’, no lo olvida”, José Luis Moneró, cantante.
“Los mejores recuerdos que guardo de mi vida artísticas son simples: con la mano izquierda he tocado mi guitarra, con la derecha he enarbolado la bandera de Puerto Rico doquiera que he ido”, Johnny Albino, cantante y músico.

“Me gusta escribir comedias de situaciones que puedan ocurrirle a cualquier familia. Prefiero este tipo de comedia a tener que hacer chistes de línea que sólo hacen reír por una que otra ocurrencia. Nuestro pueblo está viviendo momentos difíciles y es necesario ofrecerle un descanso mental”, Miguel Ángel Álvarez, actor. Porque cada arte tiene su ángel de la guarda, ahora el teatro tiene a uno adicional: el perfeccionista, el silencioso, el observador, el creativo, el inocente, el que no sabía decir ‘no’ ante la dificultad, los problemas o la adversidad. Siempre estás presente, Joseph Aguayo (director teatral).

Luego de las lecturas de citas y comentarios sobre los artistas recordados, la cantautora Goldi cantó con sumo sentimiento el himno “Génesis”. Acto seguido, el director ejecutivo de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, el periodista Javier Santiago, agradeció a los presentes y leyó una cita de Ruth Fernández, tomada de la entrevista “Una historia repleta de colorido, valor y logros”, realizada por Norma Valle en el periódico El Mundo, en 1978, la cual recordó en el cierre a la inolvidable Ruth Fernández:

“El traje era todo, todo drapeado, por aquí, por el frente, era blanco, precioso, me lo hizo Rafaela Santos, y tenía una capa de terciopelo negro, larga, con cola, y aquí, con los hombros, más galones que MacArthur. El peinado también era bello, mija, en esos tiempos no se usaban los tratamientos de ahora, pero con peinilla caliente y todo me quedó bello con bucles en toda la cabeza, ¡ah!, y llevaba diamantes. En aquel tiempo no los podía comprar, así que los cogí prestados, también me prestaron el Packard, que era el Cadillac de aquellos tiempos, y así llegué a la puerta del Hotel Condado. Había un negro de portero, vestido con librea y bombín y abrió la puerta del carro, quedó atónito cuando me vio, pero yo bajé y con un ‘buenas noches’, entré al lobby como si fuera la dueña del Hotel, pero como yo no conocía aquello me dije ‘y ahora que c—– yo hago’, pero seguí, chas, chas, y pregunté ‘la Orquesta Hoopy Kids, por favor’, con una seguridad increíble, que me salía de adentro, porque esa seguridad me la da Dios. Me dijeron ‘por allí, señorita’, había ganado una, me dijeron señorita y no negrita… En la puerta de aquel salón enorme me detuve y esperé hasta que se terminara el set y la gente se hubiera sentado… Entonces crucé el salón, con mi capa y mi cola, chas, chas, Mingo temblaba como una hoja, yo por el mismo medio del salón, aquel salón tan enorme que daba espanto… La gente preguntaba ‘¿y ésa quién es?’ unos me conocían, otros no… Mingo estaba gris, porque los negros cuando se ponen jinchos, se ponen gris, y yo chas, chas, llegué a la tarima y con la mirada en alto le dije ‘Mingo, la capa por favor’, me senté y le dije ‘ahora me tocas un set completito para mí, Piénsalo bien, el Zum Zum, las mías…’ Empecé a cantar y la gente salió toda a bailar, pero no bailaron, se quedaron escuchándome, todo el mundo se quedó como ‘elated’, canté el primero, el segundo y la gente aplaudiendo, más, más, y yo dentro decía ‘Mingo, te convences; te convences, Mingo”.

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