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  San Juan, Puerto Rico ::

Willie Rosario:
¡medio siglo haciendo la mejor salsa!


El maestro Willie Rosario en una instantánea de la década de 1970.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

Con la sangermeña Happy Hills Orchestra – fundada en 1929 –, la caborrojeña liderada por el trompetista Roberto Ortiz y la Sonora Ponceña, ambas surgidas en 1954, la orquesta de Willie Rosario, surgida en Nueva York en 1958 y renovada en San Juan a principios de la década de 1960, completa el muy exclusivo círculo de organizaciones musicales puertorriqueñas exponentes de los ritmos caribeños que ya alcanzaron y sobrepasaron el medio siglo de actividad artística ininterrumpida. Posiblemente, las próximas a unírseles serían El Gran Combo (1962) y la orquesta de José Luis Moneró (1963).

Entre las cuatro que ya alcanzaron esa meta, a la Sonora de Quique y Papo Lucca y a la encabezada por el llamado “Mister Afinque” les corresponde el mérito de haber desarrollado sendas discografías que les han permitido internacionalizarse y mantener una perenne vigencia en el panorama salsero. Y, según él ha manifestado innumerables veces y así lo confirman los conocedores, la clave de su éxito ha sido su énfasis en el trabajo colectivo. Porque si bien es cierto que, desde su plantilla, se han catapultado vocalistas del calibre de Frankie Figueroa, Miguel Ángel Barcasnegras “Meñique”, Chamaco Rivera, Gilberto Santa Rosa y Tony Vega, desde el principio, allá para mayo de 1958, se esmeró porque la estrella única de su banda fuera, precisamente, esta y su repertorio. No figuras en particular.

Esta realidad queda evidenciada en detalles como que nunca se preocupó por proyectarse como un timbalero virtuoso alardeando con candentes solos (¿alguien recuerda alguno que haya registrado en su discografía?), a pesar de que fue discípulo del legendario y muy exigente maestro de percusión Henry Adler, y que jamás la salida de alguno de sus cantantes, por talentoso que haya sido y el éxito que le acompañaría después, ha hecho mella en su actividad artística.

Fue discípulo del exigente maestro de batería Henry Adler –


Willie Rosario en 1958, en el Club Caborrojeño de Nueva York, con los músicos originales de su orquesta (incluyendo al cantante Yayo El Indio).
(Foto colección Miguel López Ortiz)

Fernando Luis Marín Rosario es el nombre verdadero de Willie. Nació en Coamo, el 6 de mayo de 1930. Es hijo de Juan Marín – primo hermano de quien fuera gobernador Luis Muñoz Marín – y Genera Rosario. Debido a que su progenitor se había negado a reconocerlo legalmente, al disponerse a emprender su trayectoria profesional optó por identificarse con el apellido materno. Curiosamente, su primer instrumento no fue tambor alguno, sino la guitarra y el saxofón. Luego, cambió al contrabajo. De hecho, fue como contrabajista que tuvo su primera experiencia como músico de fila integrando el Conjunto Coamex, siendo quinceañero.

En 1947 fue a radicar con su familia a Nueva York, donde – como la mayoría de los inmigrantes –, trabajó como obrero de fábricas. Durante aquellas fechas, haber presenciado actuaciones de Tito Puente lo impresionaron a tal punto que volcó su interés por la batería y los timbales, cuyo aprendizaje inició de manera autodidáctica. Al año siguiente fue reclutado por el Ejército. Tras cumplir su servicio militar, regresó a su natal Coamo, estrenándose como baterista en la Orquesta Fiesta. Pero, ya para 1952 estaba de vuelta en la Gran Urbe, estableciéndose en un apartamento situado en la Calle Roger Place, en Bronx. Tenía como vecino a uno de los músicos que más admiraba: Tito Rodríguez. Entonces se dispuso a pulirse como ejecutante de los tambores, logrando que el prestigioso maestro Henry Adler lo aceptara como discípulo. Su rápido aprovechamiento le permitió trabajar con orquestas tan reconocidas como la del pianista venezolano Aldemaro Romero y, sobre todo, con la que sería su mejor escuela: Johnny Seguí y Los Dandys, pasantía que abarcó el período 1953-1958.

En el interín, Willie Rosario aprovechó sus beneficios como veterano militar para cursar estudios de Periodismo Radial en la Universidad de Gannon, en Pennsylvania. Tal preparación le permitiría alternar su actividad musical con un empleo como locutor de noticias en la emisora neoyorquina WADO, donde también mantendría un espacio “The Latin Jazz Show”.

Tito Rodríguez lo estimuló y asesoró para que fundara su orquesta y lo incluyó en su selecto grupo de amigos –

Detalle sumamente significativo es el hecho de que Tito Rodríguez, quien no se caracterizaba por su inclinación a hacer amistades – su círculo de amigos era bastante estrecho –, no sólo lo incluyó en “tan exclusivo club”, sino que hasta lo estimuló y asesoró en la gestión de independizarse de la formación de Johnny Seguí para que creara su propia banda. Más aún: le obsequió algunas de sus primeras orquestaciones, entre ellas la del clásico tema cubano “Changó va vení”, original de Gonzalo Arsenio. Igualmente, lo relacionó con instrumentistas importantes. Ello le sirvió para que la noche de su debut como líder tuviera en sus filas, aunque en calidad de emergentes, a Charlie Palmieri al piano y a Johnny Pacheco en las congas. El Panamerican Casino, el Monte Carlo Club y el Broadway Casino fueron sus primeros escenarios. Entonces Chivirico Dávila y Yayo El Indio le colaboraban como cantantes.


La orquesta de Willie Rosario con Junior Toledo (q.e.p.d.) y Guillo Rivera durante una presentación en el Canal 11 en 1978.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

Muy poco tiempo después, su orquesta fue contratada como la de planta del concurridísimo Club Caborrojeño. Allí, el propietario Roberto Ruperto le impuso como vocalista al ponceño Vitín Garay. En aquel salón permaneció cuatro años encabezando una plantilla integrada por Rudy Martin (pianista); Tony Crofesí, Frank Gaud y Eddie Snell (trompetistas); Humberto Del Valle – luego reemplazado por el hasta entonces trompetista Bobby Valentín – (contrabajista); Luis Rodríguez (conguero) y Jesús “Chú” Del Toro (bongosero).

Tras salir del Club Caborrojeño y conseguir su primer contrato discográfico en 1962, reclutó como vocalista al cagüeño Frankie Figueroa. Con este grabó sus primeros tres álbumes a partir del titulado “El bravo soy yo”. Luego tuvo al panameño Meñique. Durante aquella etapa, alternaba su actividad artística con su trabajo regular en la emisora WADO y su desempeño como agente de ventas de la compañía cervecera Knicker Bucker. Llevaba un ritmo de vida agitadísimo.

A mediados de aquella década retornó a su patria y renovó su banda, imponiendo el sonido de cuatro trompetas y un saxofón barítono. Aquí continuaría su contrato con el sello Inca Records, de los cubanos Pedro Páez y Jorge Valdés. Incorporó entonces al sonero Chamaco Rivera y, con éste, se acreditó uno de sus éxitos consagratorios: “De Barrio Obrero a la 15”, original de Trinidad Clemente. Con Chamaco lanzó producciones como “De donde nace el ritmo” (Inca, SLP-1021), en 1972, que contiene sus composiciones “La fiesta de Quilinchini” y “Yo sé de mí”. En 1973 convocó al experimentado Adalberto Santiago, nuevamente a Frankie Figueroa e incorporó a Junior Toledo para el disco “Infinito” (SLP-1032), para la que aportó el tema “Amigo de qué”.

Gilberto Santa Rosa y Tony Vega fueron los vocalistas de su banda durante la década de 1980 –

La década de 1970 fue una de las más luminosas de su trayectoria. Dos cantantes fueron puntales en aquel ciclo: Junior Toledo – voz única en “Otra vez” (SLP-1044), en 1975 –, Guillo Rivera y Bobby Concepción. Los dos últimos interpretaron el repertorio de “Gracias, mundo” (SLP-1056), mientras que el primero compartió con Frankie las vocalizaciones de “Campanero rumbero” (JMIS-1059), editados en 1977 y 1978, respectivamente. Guillo y Junior fueron los seleccionados para la siguiente propuesta, “El Rey del Ritmo” (Top Hits, THS-2070), que generó dos jitazos en 1979: “Esa que yo conocí” (cantado por el primero) y “Llueve” (encomendada al segundo).


En 2006 el maestro Willie Rosario figuró como artista invitado en el programa “Con la música por dentro” que produce Pijuan para TeleOro.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Gilberto Santa Rosa y Tony Vega fueron las voces representativas de la década de 1980. El primero apareció en la producción “The Portrait of Salsa Man” alternándose con Bobby Concepción. Luego coincidirían en discos tan exitosos como “Atízame el fogón” (TH-AM-2182 / 1982) y “The Salsa Machine” (AMF-2223 / 1983) – en los que también intervino Bobby –, “Afincando / 25 aniversario” (Bronco, B-134 / 1985) y “Nueva cosecha” (Bronco, B-142 /1986).

Culminadas las pasantías de Gilberto y Tony, el turno les correspondió a Bernie Pérez y Josué Rosado, vocalistas de “The Salsa Legend” (Bronco, B-150), lanzado en 1986. La siguiente propuesta, “A Man of Music” (Bronco, B-147), contó con las voces de Josué, Puppy Cantor y Rafú Warner en 1987. En lo sucesivo, cantantes talentosos como Primi Cruz, Henry Santiago, Ángel Luis Vergara y Rico Walker serían habituales en su discografía, aunque a últimas fechas también se han sumado Miguel Rodríguez “El Canito de Sabana Seca”, David Anastacio y Omar Negrón.

En su reciente producción, “La banda que deleita” (Gennara Records), editada en 2006, utilizó los servicios de Cheo Andújar y Rico Walker, más incluyó, por primera vez, voces femeninas: Choco Orta e Iris Martínez.

Una calle y una Academia de Música de Coamo fueron bautizadas con el nombre de Willie Rosario hace algún tiempo. Tal ha sido uno de los reconocimientos – entre los tantos que ha recibido a través de su trayectoria – que más ha emocionado a este músico boricua que ha paseado su salsa por escenarios de Estados Unidos, México, Venezuela y otras plazas internacionales.

El 2 de febrero de 2008 ofreció concierto en el Lehman Center For The Performing Arts en Bronx, Nueva York, con el cantante Rico Walker, el timbalero Don Perignón y el conguero Eddie Montalvo.

 

19/sept/08

 

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