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  San Juan, Puerto Rico ::

El Patriarca de la Cultura entre nosotros


Don Ricardo Alegría visitó la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Llegó puntual a la cita.
Ataviado con su guayabera blanca y sosteniendo su inseparable bastón, don Ricardo Alegría entró sigiloso y sin aspavientos por el portón del vestíbulo de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Aquel sábado de verano llegaba escoltado por José Ignacio Jiménez, historiador latinoamericanista que se distingue como uno de sus fieles colaboradores, y el folklorista Héctor Rodríguez del grupo Atabal. Y desde el momento en que se asomó al local, sus ojos comenzaron a inspeccionar cada detalle del edifico histórico que alberga la sede de la organización en la calle Fortaleza #56 del Viejo San Juan.

Rememora la historia de la edificación -

“Todavía recuerdo cuando Yaya (Santiago) buscó mi asesoría para restaurar este espacio hace poco más de medio siglo”, dijo de inmediato antes de comenzar a narrar detalles de la estructura que cuenta con casi tres siglos de existencia.

Ciertamente, cuando en 1958 doña Yaya se empeñó en establecer en el Viejo San Juan el primer restaurante dedicado exclusivamente a la comida puertorriqueña, fue Ricardo Alegría uno de los miembros de la oficialidad gubernamental que con mayor beneplácito recibió la noticia.

“Nosotros habíamos querido hacer un proyecto similar con La Fonda del Callejón. Pero como no éramos comerciantes, la iniciativa no prosperó”, recordó.

Mas aquel punto que en la calle Fortaleza, esquina Del Cristo, se convirtió en abril de 1959 en el restaurante La Danza, fue tan sólo el inicio de un sueño para su propietaria. Un sueño que 17 años más tarde – cuando todavía Don Ricardo era director del Instituto de Cultura - germinó en la adquisición total de la estructura colonial, permitiendo así que, bajo la dirección de los arquitectos Alberto Del Toro y Fernando Abruña, la edificación adquiriera un nuevo esplendor.

De esos años aún es recordada la época gloriosa del café Violeta que, administrado por Anselmo Santos, se convirtió en uno de los espacios más visitados de la antigua ciudad capital. Allí contó entre sus clientes con figuras como Robert de Niro, Esaí Morales, así como la oficialidad de varias administraciones gubernamentales.


Don Ricardo Alegría llegó a la sede de la organización acompañado por el historiador latinoamericanista José Ignacio Jiménez.
(Foto James Lynn / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Tras dos décadas de existencia, Violeta cesó operaciones mientras casi a la par comenzaba un largo, tedioso y accidentado proceso de rehabilitación de la antigua casona capitalina. Meses antes de iniciarse los trabajos, doña Yaya recibió al llamado de lo Alto dejando tras sí la huella de toda una señora comerciante con innegable visión de futuro. Ausente ya de este plano, las piedras en el camino se multiplicaron para este costoso proyecto. Pero más allá de la adversidad, hubo, entre otros, un ángel por el cual se guió el proceso de devolverle a la edificación su antiguo esplendor.

Bajo la dirección del maestro de arquitectos, don Efraín Pérez Chanis, se delineó el comienzo de una nueva etapa para la histórica estructura de tres niveles. Y aunque en el proceso don Efraín también abandonó el plano terrenal, la edificación - custodiada simbólicamente por la Capilla del Cristo a un extremo y el Palacio de Santa Catalina, sede oficial del Gobierno de Puerto Rico, a otro – se completó tras numerosas batallas convirtiéndose en pleno siglo XXI en un bastión de la cultura popular nacional.

Aplaude la iniciativa de conservación de un patrimonio histórico -

A ese nuevo refugio fue que aquel sábado llegó don Ricardo Alegría. Cual si fuera una bendición, su sola presencia se convirtió en el espaldarazo más contundente que pudo haber recibido la Fundación Nacional para la Cultura Popular en sus 14 años de labor.

Mientras recorría los rincones del primer nivel de la edificación, el antropólogo señalaba detalles históricos; algunos relacionados con la construcción colonial, otros referentes al proceso de recientes restauraciones.

De don Efraín Pérez Chanis recordó su compromiso con la cultura nacional. Los años en que recién iniciado el Instituto, fue reclutado por él para trabajar en el entonces proyecto novel de conservación del San Juan histórico. “A Pérez Chanis lo conocí mientras estudiaba en España”, dijo rememorando al arquitecto de origen panameño que echó raíces en Borinquen para dedicar a ella todo su conocimiento y energía.

De paso por la colección de discos de la Fundación, Alegría no pudo menos que expresar su júbilo al comprobar que en la misma se encuentran prácticamente todas las grabaciones que, bajo su incumbencia en el I.C.P., se editaron en el mundo cultural.

Disco a disco repasó títulos que con sólo pronunciarlos reventaba de orgullo: “Sylvia Rexach canta a Sylvia Rexach”, “Renadío del cantar folklórico puertorriqueño”, “Tavarez ”,” Juan Boria: Majestad negra”, “Luis Pales Matos”, serie Antología de la danza, Colección de compositores puertorriqueños del siglo XIX, Colección de poesía y la serie de plenas.


En su recorrido por los pasillos de la institución don Ricardo Alegría compartió con el historiador y musicólogo Cristóbal Díaz Ayala y su esposa Maris.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Fueron años de intenso trabajo”, rememoró mientras repasaba los nombres de figuras como Rafael Hernández, Elsa Rivera Salgado, Paquito López Cruz, Luz Negrón de Hutchinson, Elisa Tavarez, Leopoldo Santiago Lavandero, Manuel Jiménez “Canario”, Toñín Romero, Gumersindo Mangual, Zoilo Vaddy, Elías López Sobá, Roberto Cole y Puchi Balseiro, entre otros.

A unos pasos de la colección, entró a la tienda donde vio algunos de los textos de teatro, literatura y música que la editorial del Instituto publicó hace varias décadas. Pero, aunque se alegraba de encontrar disponibles obras que creía olvidadas, lo que más parecía llamarle la atención eran los detalles arquitectónicos de la edificación.

De esta forma, encontró que el patio, que por más de un siglo estuvo dividido en dos, hoy ha vuelto a unificarse según su construcción original, gracias a las indicaciones de don Efraín Pérez Chanis. La antigua torre del centinela - que tan pocos sanjuaneros conocen – ahora se aprecia majestuosa sobre el patio interior cual si fuera parte integral de la Fundación. Y las puertas y ventanas de caoba, que aún no han terminado de restaurarse, remontaron al historiador a la época de la vida colonial española.

“Es una labor encomiable lo que ustedes han hecho aquí. Esto es algo que merece el apoyo de todos, especialmente del Gobierno”, expresó el patriarca mientras caminaba por los pasillos de la sede de la Fundación.

Un legado que trasciende generaciones -

Minutos antes de entrar al salón donde realizaría su conversatorio, don Ricardo caminó por la galería alterna donde se exponen fotos de los visitantes. Entre figuras del campo artístico, político y social del País, encontró su rostro. Y con él supo que el pasado año, entre las 500 biografías que contiene la página cibernética de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, la suya fue la más visitada, superando a la del reggaetonero Daddy Yankee.

El historiador apenas reaccionaba a la información cuando un grupo de adolescentes que se encontraba de visita en la Fundación, le solicitó una foto. Don Ricardo accedió, se ubicó entre ellos, miró a la cámara y los complació. Como agradecimiento, el joven portavoz del grupo le estrechó la mano y le dijo: “Usted no sabe el honor que para nosotros representa el habernos retratado con usted”.

La hora se acercaba y don Ricardo entró a la sala principal de la Fundación. Allí entre el grupo selecto de estudiosos y amantes de los temas culturales que esperaban por su disertación se podía apreciar la presencia de Roberto Figueroa, José Medina, Arturo Yépez, Consuelo Corretjer, Beatriz Berrocal, Cristóbal Díaz Ayala, Norma Salazar, Awilda Sterling, Iván Dariel Ortiz y Javier Núñez, de la Embajada Bolivariana.


Don Ricardo Alegría posa para el lente junto a un grupo de jóvenes estudiantes que visitaban la organización.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El conferenciante se dirigió entonces al sillón de madera, escoltado por José Ignacio Jiménez. Y en las palabras de bienvenida, supo el sentir de la Fundación ante su presencia.

“El lugar donde estamos hoy se debe en gran parte a lo que fue la iniciativa de don Ricardo Alegría hace más de medio siglo. Su empeño en la conservación, su pasión por el estudio y la documentación, su amor por la historia y su compromiso inquebrantable con este País, nos ha permitido a todos vivir la historia y aprender de ella. Por eso es un honor tenerlo aquí. Y sepa usted, don Ricardo, que lo queremos mucho, y que aunque a veces se sienta que el pesimismo lo agobia, aquí estamos para decirle que la semilla que usted sembró está latente en el corazón de una nueva generación que ama a esta patria”, fueron las palabras expresadas por la dirección de la Fundación.

Micrófono en mano, la mañana transcurrió con una charla de dos horas que presentó el gestor de tantas iniciativas culturales en el Puerto Rico del siglo XX. Y justo antes de terminar, don Ricardo hizo entrega de una colección digitalizada de la música que John Alden Mason (1885-1967), antropólogo y lingüista norteamericano, grabó entre 1914 y 1915 en sectores comunitarios de Puerto Rico. En ella se documenta expresiones musicales, tal y como se interpretaban en el País a principios del siglo XX. Ingrediente importante que, como bien dijo don Ricardo, añade un nuevo elemento “a toda la riqueza que se ha acumulado en este importante lugar”.


(La Fundación Nacional para la Cultura Popular agradece al historiador José Ignacio Jiménez la coordinación de la visita de don Ricardo Alegría a la institución y su diligencia con el Centro de Estudios Avanzados para la donación de las grabaciones digitalizadas.)

8/sept/08

 

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