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  San Juan, Puerto Rico ::

Asomo veraniego a son de salsa, jazz,
trova y rock

Entre las nuevas propuestas discográficas que hemos tenido oportunidad de disfrutar, consideramos que las dedicadas a la música afrocaribeña son tan excelentes que se hace oportuno un comentario particular dirigido a aquellos llamados a brindarle la merecida exposición ante el público. Porque el esfuerzo que estos artistas realizan para ofrecer sus trabajos justifica la recompensa que, por lógica, esperan.

Aunque los músicos puertorriqueños siempre han evidenciado un alto nivel de calidad, los de las nuevas generaciones suelen poseer un mayor grado de preparación formal en sus respectivos instrumentos. Nunca antes habíamos palpado tanta “fiebre de conservatorio” como desde la década de 1980 hasta el presente. Hoy día, no constituye rareza toparse con bongoseros y hasta güireros que lean el pentagrama, lo cual antes era muy poco frecuente.

Actualmente, por ejemplo, la cantidad de egresados del Berklee College Of Music, de Boston – la institución de enseñanza musical más prestigiosa de Estados Unidos, superando en matrícula a íconos como el Conservatorio de Nueva Inglaterra en la misma ciudad y a la neoyorquina Juillard School Of Music – es impresionante. ¡Hasta los exponentes de la canción jíbara se han motivado a cultivarse al máximo y no son pocos los cuatristas conocedores de los secretos del solfeo y capacitados para tocar hasta con la Sinfónica.

Irónicamente, los músicos de antaño disfrutaron de unas ventajas que hoy le son ajenas a un elevado por ciento de los nuevos. Fíjense que la mayoría de las orquestas salseras, conjuntos de jazz y soneros surgidos durante los últimos tiempos han tenido que realizar sus grabaciones de manera independiente y pasar muchos trabajos para lograr alguna exposición en la radio. Todo les resulta muy cuesta arriba. Posiblemente, Cortijo e Ismael Rivera, Tito Puente, Ray Barretto, Joe Cuba, Celia Cruz, Willie Colón y Héctor Lavoe y la inmensa mayoría de los nombres imperantes en el panorama musical antes de 1980 - y buen número de ellos hasta años después - jamás tuvieron que invertir ni una peseta en sus grabaciones ni rogar al cielo porque algún programador radial se dignara a brindarle difusión en su medio. La historia de los nuevos valores (exceptuando a los contados dichosos afiliados a disqueras importantes) es muy diferente.

En Puerto Rico se da el fenómeno de que las principales radioemisoras difusoras de esta música se han aferrado a la época del ‘boom’ salsero (décadas de 1970 y 1980) y concentran sus programaciones en las discografías de figuras que ya no representan novedad alguna, muchas de las cuales ya fallecieron o dejaron de grabar hace años. Quizás por aquello de no ser señaladas como indiferentes ante la nueva camada de exponentes, de vez en cuando incluyen algo de N’Klabe, NG-2, Charlie Cruz, Edgar Daniel o alguno que otro grupo o solista amparado por alguna etiqueta fuerte – que cada día son menos –, pero la mayoría, esos que a pulmón presentan las mejores propuestas, no entran en su reino. ¡Con razón tantos piensan que la salsa está en crisis!

Consideramos que las figuras consagradas de la música caribeña, por el valioso legado que nos dejaron, merecen exposición constante en los medios. Pero, sin rezagar a las de nuevo cuño, que son las que mantienen vivas estas expresiones rítmicas. Con audiciones especiales dedicadas a las Estrellas de Fania, Cortijo e Ismael Rivera, Frankie Ruiz y demás etcéteras los fines de semana tendríamos suficiente. El grueso de los espacios debería ser dedicado a los artistas de recién surgimiento. Así dichas plantas serían verdaderas propulsoras de la música que tanto nos identifica, en lugar de meras promotoras de los viejos catálogos Fania, TH y RMM.

A continuación les reseñamos tres producciones discográficas de música afrocaribeña que, por su calidad, merecen el respaldo de la radio para, por consecuencia, llegar al gran público. Las tres son frutos del esfuerzo económico de sus intérpretes. La primera, “Al fin contra viento y marea”, de Eddie Maldonado & Orquesta La Preferida, se enmarca en la onda salsera tradicional. La segunda, “¡Qué decencia!”, de Rafael “Paipet” López, es de pura esencia rumbera. La tercera, “Puertorican Folkloric Jazz / Barriles de Bomba”, de Jorge D. Rodríguez, presenta la fusión bastante novedosa que su título supone.

Pero, hay más: en la onda del folklore jíbaro, los muy reconocidos Luis Miranda “El Pico de Oro”, Edwin Colón Zayas y Luis Daniel Colón se nos presentan apadrinando al niño trovador Randy Gabriel, quien nos ofrece su primer disco, “Mi música campesina”, dedicado al inolvidable Tony Croatto. Y, en lo que respecta al pop-rock, otros dos debutantes someten a nuestra consideración sus respectivas propuestas: Sie7e con “Para mí” y Jaime Ciero con “Volar”.

Afortunadamente, a pesar de los estragos de la piratería, los artistas no cesan de crear y de presentarnos proyectos admirables. ¡Que siga la música!

 



Eddie Maldonado & Orquesta La Preferida
“Al fin contra viento y marea”
(Mazacote Records, MRCD-2006-1)
Género: salsa.
Productores: Eddie Maldonado y Pablo Andino.

Mientras hayan músicos con tanto entusiasmo como el trombonista, arreglista y compositor Eddie Maldonado, nadie deberá sostener que la salsa atraviesa un período decadente. Porque aun cuando nuevas expresiones como el reggaetón y diversas fusiones sobre la base del pop hoy sean objeto de mayor presencia en los medios de difusión, siempre habrá quienes aparezcan con nuevas propuestas, dispuestos a la batalla por forjarse un sitial en el panorama musical aunque sea… “contra viento y marea”.

De todas maneras, es preciso recalcar que quien piense que la salsa tiene los días contados, sencillamente, no sabe lo que dice. Porque esta música no es fruto de una modalidad como lo es hoy en reggaetón y, en épocas ya algo lejanas, fueron el twist (1960’s), el hustle (1970’s), la lambada (1980’s) o el merenrap (1990’s). Se trata de la evolución de los centenarios ritmos de rumba y son, que constituyen la raíz de la cual se crean o alimentan muchas de las modalidades que surgen cada cierto tiempo. Lo mismo sucede con el bolero, la cumbia y el merengue que, en determinados momentos, pueden perder presencia continua en los medios masivos de difusión – tan inclinados a encandilarse con las novedades con que constantemente nos bombardea la industria discográfica –, pero que tarde o temprano retornan con fuerza al candelero. En cambio, cuando se les limita la exposición a modalidades como las antes mencionadas, irremediablemente estas caen en el olvido definitivo.

Eddie Maldonado, nacido en El Barrio Latino – Este de Harlem – de Nueva York, el 10 de octubre de 1951, hijo de manatieño y humacaeña, radica en Puerto Rico desde 1982 y fundó su Orquesta La Preferida hace 15 años (1993). No le ha sido fácil mantenerla tan activa como quisiera. Así lo comprueba el hecho de que esta recién lanzada producción, que marca su debut discográfico, le hace mucho honor a su título: “Al fin contra viento y marea”.

El contenido del disco es bastante y competitivo. La estructura instrumental de la banda es a base de tres trombones y sección rítmica. Cuenta con tres cantantes: Marta Rosario, Edwin Caraballo y Manuel Nieves, en los créditos que aparecen en la caratulita no se especifica cuál de ellos vocaliza cada tema. Al escuchar el primero, una versión salsera del muy difundido bolero “Por seguir tus huellas”, de Plácido Acevedo, pensé que quien cantaba – con un estilo claramente influenciado por el venerado Héctor Lavoe – era Caraballo. Seguidamente, al toparme con una voz masculina diferente en el segundo corte, “No puedo vivir sin ti” (original de Robert Cabaña), asumí que se trataba de Nieves. Me disfruté el disco completito, mientras esperaba por la intervención de Marta… aunque fuera formando parte de los coros. Y… no la escuchaba. Pero, tuve la feliz idea se comunicarme con Eddie Maldonado para que me despejara cualquier vestigio de duda. Y su aclaración me dejó tan “patidifuso” que procuré limpiarme bien los oídos antes de volver a escuchar su propuesta. Resulta que la voz que creía era la de Caraballo en realidad pertenecía a la carolinense Marta Rosario.

Esta intérprete, muy buena, por cierto, también canta “El me dijo así” (del brasileño Lupicinio Rodríguez) – selección que esperan colocar en la radio – y “La ilusión” (escrito por Miguel Rivera y Eddie Maldonado), mientras que el canovanense Edwin Caraballo hace lo propio en “Plena de mi tierra” (de su autoría), además de en “No puedo vivir sin ti”. La intervención de Nieves se limita a los coros aunque, según me explicó el líder de La Preferida, éste tiene mayor exposición en las presentaciones personales, sobre todo, en las selecciones románticas.

El repertorio escogido para esta primera entrega incluye tres piezas instrumentales en la onda del jazz latino: “Blue Bossa” (clásico de Kenny Dorham) y dos composiciones originales de Eddie Maldonado: “Bayú en la Blanes” y “Chiquis Guajira”. Entre el grupo de músicos que intervino en esta producción figuran los trombonistas Antonio Vázquez, Rubén Tirado y Willie Durán; los pianistas Richard Trinidad y Ramón Ortiz; los bajistas Guillermo Andújar y Ronald Barrios; los timbaleros Orlando Rosario y Ángel García; los congueros Elliot Kercadó y Edgardo Vázquez y Héctor Rivera y David Sánchez en los coros.

Muy buen disco ¡Recomendado! (MLO).



Rafael “Paipet” López
“¡Qué decencia!”
(Paipet Saborioco)
Género: rumba callejera.
Director musical: Anthony Carrillo.
Productor: Rafael “Paipet” López.

El estelarista de este compacto, el cantante, compositor y percusionista santurcino Rafael “Paipet” López, es una figura bastante conocida por los llamados “salseros de la mata” por sus pasantías por formaciones tan destacadas como la Orquesta Puerto Rican Power de Luisito Ayala (1970-1972); la dirigida por Rafael Cortijo (1979) y, muy especialmente, con el que fuera excelentísimo Conjunto Canayón, del timbalero Juan Ramón “Cano” Robles (1979-1985), habiendo intervenido en los cinco álbumes que constituyeron su discografía. En épocas más recientes figuró en la nómina el Conjunto 40 y 20 de Cándido Reyes (2000).

Este músico, surgido de las entrañas de la rumba callejera, durante largos años abrigó la idea de crear su propio proyecto artístico en la cual pudiera exponer las diversas vertientes de ese ritmo centenario, como la Columbia, la conga y el guaguancó, así como variantes más contemporáneas como la rumba flamenca representada en la adaptación de la clásica tonadilla española “El día que yo nací” (de Guillén, Mostaro & Quintero). Hoy su sueño es una feliz realidad cuyo resultado es “¡Qué decencia!”, producción en la que comparte con varios de los más experimentados especialistas en esta expresión nacida en los barrios habaneros y matanceros de la Antilla Mayor, aunque agregándole el elemento boricua representado en los panderos de plena. Además del virtuoso Anthony Carrillo, director musical de este trabajo y cuya voz se escucha en el “Medley de Columbias” (originales de Faustino Drake), los participantes son: David “La Mole” Ortiz (pandero quinto); Federico Delgado “Papo Cadena” y Edgar Lebrón (cuá cáscara); Carlos Rodríguez (tumbador en “Mi música”, de Tite Curet Alonso) y los coristas Lester Ojeda (en “Saborioco”, de López) y Zoé Vélez Vázquez (en “Surrapita”, también de López).

Además de las piezas mencionadas, el contenido incluye: A la bandera de mi tierra” y “En este ritmo” (de F. Calle) y “A la negra de Ponce”, “Gua Gau Gua” y “La Divina Trinidad”, que llevan la firma de nuestro reseñado. ¡Tremendo banquete para los rumberos de corazón! (MLO).



Producción colectiva
“Puertorican Folkloric Jazz / Barriles de bomba”
(Independiente)
Género: bomba fusionada con jazz.
Productores: Jorge D. Rodríguez (ejecutivo) y Jerry Ferrao (musical)

Con el proyecto Afro Rican Jazz de William Cepeda como antecedente más cercano en lo que respecta a fusiónar los ritmos afroboricuas con el jazz, ahora dos destacados tocadores de barriles de bomba, Jorge D. Rodríguez y Jerry Ferrao, nos ofrecen el que desde ya me atrevo a calificar como uno de los mejores discos del 2008: “Puertorican Folkloric Jazz / Barriles de bomba”. Las excelentes orquestaciones de Ricardo Pons, José “Cheíto” Quiñones – quien también interviene como trompetista – y Javier Rodríguez y el despliegue de virtuosismo de los instrumentistas participantes son para disfrutarse al máximo, sin que nada nos ajore. El contenido expone fusiones de cuatro estilos de la más negra de las expresiones musicales boricuas – los candentes holandés y hoyo mula y los melancólicos paulé-sicá y leró-yubá – con la llamada “música de los músicos”.

El repertorio incluido es bastante generoso en solos, en los que se lucen, especialmente, el trompetista Piro Rodríguez, el saxofonista alto y tenor José “Furito” Ríos, el pianista Luis Quevedo y el vibrafonista Raúl Rodríguez. La sección rítmica, integrada (además de Rodríguez y Ferrao) por Aníbal “El Gato” Ayala y Víctor Vélez (barriles); Pirulo Rosado (batería); Margarita Cepeda (maraca); Ricardo Rodríguez (bajista) y Luis Quevedo y Yan Carlos Artime alternándose en el piano se proyecta vigorosa. Lo mismo puede decirse de los coros aportados por Chamil Bonano, Otoki Reyes, Vélez y Ferrao.

Contenido: “Bailador” (holandés original de Ricardo Pons); “La espera” y “Nota” (composiciones de Javier Rodríguez en la estructura de hoyo mula); “Perdóname”, “Rosa” y “Río de Janeiro” (de Jerry Ferrao, los dos primeros en la línea de la paulé-sicá y, la tercera, en la de la sicá-holandés) y “Matilde” (leró-yubá de Víctor Vélez).

Esta producción no tiene desperdicio. Y porque vale la pena escucharla y disfrutarla, la recomendamos (MLO).



Randy Gabriel
“Mi música campesina”
(Independiente)
Género: folklore jíbaro.
Productor musical: Edwin Colón Zayas.
Dirección vocal: Luis Daniel Colón.

Poder presumir de que ya cuenta con su propia producción discográfica y que, en su debut en el ámbito de las grabaciones, es apadrinado por figuras muy reconocidas del arte que cultiva, específicamente los trovadores Luis Miranda “El Pico de Oro” y Luis Daniel Colón y el virtuoso cuatrista Edwin Colón Zayas, definitivamente debe ser motivo de orgullo y el mejor estímulo que puede tener un niño que sueña con hacer carrera en el ambiente artís tico como exponente de la música campesina. En este caso, se trata de Randy Gabriel – apellidado Díaz Díaz –, adiestrado en el arte de la trova en la escuela de la Fundación Leopoldo Sanabria.

No cabe duda de que la propuesta que nos ofrece este muchachito es muy bonita y que sus mentores realizaron un excelente trabajo en el estudio de grabación para hacerlo lucir. Y, a juzgar por el resultado, es probable que si sus intereses no cambian con el transcurrir del tiempo, llegará a ser un gran trovador.

Acompañado por los integrantes del Taller Campesino del maestro Colón Zayas, Randy Gabriel interpreta “A mi tío Gaby”, “El legado de Tony Croatto” – en el que interviene Luis Daniel – y “Las cadenas” (de Luis Daniel Colón); “Mi patria y su cultura” (de Hipólito Ríos); “Jesucristo es lo primero” (de Ismael Colón Cortés) y “El arte de improvisar” (de Juan Acevedo Carrión). El octavo y último tema fue escrito y es interpretado por Luis Miranda “El Pico de Oro”. En el mismo brinda sus sabias “Recomendaciones al niño trovador” (MLO).



Sie7e
“Para mí”
(VI Music / Machete Music B0011189-02)
Productores: Sie7e, Hilton Colón y Tony Piñeiro.

¿Qué ocurre cuando un chico con estilo hippie y amante de la música decide dedicarse a cantar, tocar su guitarra y componer? Bueno… por lo pronto el resultado es una innovadora producción discográfica titulada “Para mí”. Que ¿de quién hablamos? Pues, lógico: del cantautor David Rodríguez o, mejor dicho, Sie7e.

En un mundo que está “patas arriba”, Sie7e viene a contagiarnos con su buena vibra y positivismo. Todos los textos de sus canciones tienen varios denominadores en común: son pura actitud, están llenas de buen humor y nos invitan a disfrutar de la vida, a ser felices y a enfrentar retos sin preocupaciones, ya que como bien lo sugiere en “Todo se calmará”, el noveno de los 15 temas que nos brinda en esta, su primera propuesta, “la vida es una fiesta”. ¿Cuáles composiciones me gustan más? Son cinco: “Aló”, “Para mí”, “OA”, “Cógelo” y “Vámonos”. No hay duda de que este talentoso músico, ex-líder de la agrupación Rituales, logra sorprender con este trabajo cargado de rock, batucada, bomba y rumba.

Lo significativo de este compacto es que, excepto “Don’t Worry, Be Happy”, el exitazo de 1988 que convirtiera a su creador Bobby McFerrin en la gran sensación de los Grammy, su contenido no sólo fue concebido, sino también orquestado por este intérprete. Es preciso señalar que, originalmente, esta producción fue lanzada de manera independiente y, entonces, las selecciones que se impulsaron a través de la radio fueron las tituladas “Cógelo” y “OA”. Ahora, que ha sido editada por la sociedad formada por VI Music & Machete Music, el tema que se intenta colocar en los escalafones de popularidad es “Aló”, que trata de su ansiosa espera por una llamada telefónica. Lo escribió hace bastante tiempo, cuando todavía no era novio de Jéssica Rodríguez, su hoy esposa y junto a quien lleva ocho años de unión.

Aunque en su contenido sobresalen los temas atrevidos, divertidos, moviditos y llenos de energía y ritmo contagioso, no carece de su dosis de romanticismo. Específicamente, en los cortes “Calma corazón” y “Mientras tanto”. Dicho en palabras directas, la variedad está ahí. No adolece de nada.

“Para mí”, que este disco no debe faltar en la colecciones de los seguidores de la nueva generación de rockeros nacionales (RRAL).



Jaime Ciero
“Volar”
(EL-A Records 724101730320)
Género: pop-rock.
Productor musical: José Alfredo “El Pollo” Fuentes.

Después de haber contribuido con sus composiciones a los éxitos acumulados por figuras del calibre de Luis Fonsi, Alejandra Guzmán, Marta Sánchez, Alberto Plaza y Luis Jara, entre varias más, el cantautor y guitarrista Jaime Ciero por fin tiene su primera producción discográfica en el mercado. Su título es “Volar” y el hecho de que hoy sea una realidad se se atribuye a la inquietud de Camila, la hija de este músico, quien le preguntaba insistentemente sobre la razón por la cual, teniendo una excelente voz, no se decidía a probar suerte como cantante. El tenaz empeño de su niña terminó imponiéndose y he aquí el resultado.

Este compacto se nutre de melodías con textos románticos, entre las que sobresalen “Ahora”, “Él se murió”, “Me faltas tú” y la titulada, precisamente, “Volar”. También, otras que le levantarían el ánimo al ser más frío por su pura esencia rockera, como “Al otro lado” y “Me robé un corazón”. En cambio, “Doña Claudia” y “Empezar de vuelta” presentan una fresca e interesante fusión de ritmos latinos sobre la base del rock. En los créditos que aparecen en la caratulita, nos percatamos de las participaciones de varios instrumentistas muy reconocidos. Entre ellos, el pianista venezolano Otmaro Ruiz y el bajista y guitarrista peruano Ramón Stagnaro.

Es importante señalar que, en marzo de 1997, Jaime Ciero mereció el Segundo Premio en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, en Chile. En otros importantes certámenes internacionales ha sido galardonado en sus facetas de autor y orquestador.

Su debut discográfico me ha parecido muy atinado y, posiblemente, el anticipo de triunfos más resonantes para su carrera. Su dulce voz, que nos hace recordar la de Beto Cuevas, ex-líder de la banda rockera chilena La Ley, sin duda hará soñar y “Volar” a los amantes de la buena música (RRAL).

24/may/08

 

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