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  San Juan, Puerto Rico ::

A 70 años de “Bajo la sombra de un pino”


La danza “Bajo la sombra de un pino” es la obra más emblemática del compositor Juan F. Acosta.
(Foto suministrada)

Como compositor, Juan Francisco Acosta De Arce fue tan o más prolífico que el inmortal ponceño Juan Morel Campos (1857-1896). En su faceta de ejecutante y director de bandas y orquesta de baile su trayectoria fue tan intensa como la de aquel y, como maestro de varias generaciones de instrumentistas, no cabe duda que superó ampliamente a quien fuera el más célebre músico puertorriqueño del Siglo 19. Claro: hay que considerar el hecho de que Morel Campos apenas vivió 39 años.

Juanito Acosta, como se le llamaba popularmente, fue un virtuoso del bombardino; uno de los orquestadores – tal es el término correcto para referirnos a los denominados arreglistas – más solicitados por los líderes orquestales activos desde la década de 1920; fundador de bandas escolares y municipales en… ¡48 pueblos! y gestor de una de las obras musicales más extensas entre las registradas por los compositores de nuestro País. Para que tengan una idea, este vastísimo legado consta de 750 danzas, 194 himnos religiosos y otras 94 piezas repartidas entre los más diversos géneros: aguinaldos, boleros, danzones, guarachas, marchas, pasodobles y rumbas. Además, creó los himnos oficiales de varios centros educativos, instituciones cívicas, sororidades, equipos deportivos, reinados de belleza y hasta los ‘jingles’ publicitarios de una empresa vendedora de automóviles.

Sin embargo, a diferencia de Morel Campos, cuya obra – por lo menos, gran parte de ella – se edita constantemente y es objeto de considerable exposición ante las nuevas generaciones, de este insigne compatriota sólo una pieza ha permanecido como estándar del cancionero popular boricua: la danza “Bajo la sombra de un pino”, compuesta en el municipio de Hatillo, cuya Banda Municipal fundó y entonces dirigía, en 1936. Eso sí: dada la belleza de su melodía y la complejidad de su consabido solo, a Juanito Acosta no le hizo falta más para asegurarse un sitial de privilegio en la historia de la música puertorriqueña.

Poco después de crearla, organizó una orquesta de baile a la que bautizó con el mismo nombre de la que sería su obra cimera, adoptando la misma como tema de presentación. El maestro Acosta mantuvo aquella formación durante largos años amenizando eventos sociales y fiestas populares. Así “empataba la pelea” en términos económicos, pues el salario que devegaba como maestro y director de bandas no le alcanzaba para el sustento de su familia (tenía 11 hijos).

En 1938 Carmelo Díaz Soler y su Orquesta registraron la primera grabación, que fue instrumental –

“Bajo la sombra de un pino” fue perpetuada en el disco por primera vez por la Orquesta Euterpe de Carmelo Díaz Soler en una grabación realizada en Camden, Nueva Jersey, para la etiqueta RCA Víctor en mayo de 1938. ¡Hace 70 años! Consecuencia de su impacto, a partir de entonces otras versiones discográficas aparecerían constantemente. Durante la primera década que siguió a su estreno oficial todas fueron instrumentales, porque el maestro Acosta no les ponía letra a sus obras. Vendría a ser varios años más tarde cuando un cantante y poeta aficionado lareño llamado José Antonio “Pepito” Martínez Vale – durante largos años, éste se desempeñó como gerente del Supermercado UNICOOP en su pueblo natal – escribió los versos que sería su letra definitiva y que hoy conocemos.


En 1972 el Instituto de Cultura le rindió un homenaje a Juan F. Acosta con la edición de este disco interpretado por la pianista Elsa Rivera Salgado.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popula)

Quien la cantó para un público masivo por primera vez fue Carlos Rosado, amigo del letrista, en el programa “La hora de los aficionados arecibeños”, que el locutor y productor Nabal Barreto originaba en el Teatro Tanamá y se transmitía a través de la original WKVM, que estuvo sus siete primeros años (1945-1952) en la Villa del Capitán Correa antes de que su propietario Rafael Pérez Perry la trasladara a la santurcina Parada 15. Aquel estreno aconteció en 1948…¡hace 60 años! Y, la primera grabación cantada fue realizada por el Cuarteto Los Universitarios bajo la etiqueta Colonial, antecesora de la importante Mar-Vela, hacia 1950. Resulta que uno de los pilares de este grupo, el virtuoso guitarrista Federico Cordero, era amigo de Martínez Vale. Ambos se conocieron en la Universidad de Puerto Rico, habiendo sido condiscípulos.

La cantidad de versiones discográficas, tanto instrumentales como vocalizadas, fácilmente sobrepasa el centenar. Algunas pueden considerarse estándares. Entre las primeras, hay que resaltar las aportadas por el Conjunto Típico Ladí (Verne, 1956); el sinfonista Ismael Santiago (Maya, 1960); Rafael Alers & Orquesta (Ansonia, 1969); Orquesta Jíbara Doctor Francisco López Cruz (OJDFLC, 2005); la pianista Mercy Fernández (Borinquen, 1978); Edwin Colón Zayas (Disco Hit, 1995), etc. Y, entre las cantadas, sobresalen las de Julita Ross (Ansonia, 1963); Marco Antonio Muñiz (RCA, 1977) y la de Fernandito Álvarez & Trío Vegabajeño (Ansonia, 1978).

En su natal San Sebatián del Pepino fue discípulo de los legendarios
Jesús Figueroa Iriarte y Ángel Mislán Huertas –

Juan Francisco “Juanito” Acosta De Arce nació en San Sebastián del Pepino, el 27 de marzo de 1890. Era hijo de Joaquín Antonio Acosta Ríos y Nicolasa De Arce. A los 12 años (1902) inició sus estudios musicales bajo la tutela del maestro aguadillano Jesús Figueroa Iriarte – padre de quienes llegarían a ser mundialmente aclamados concertistas Hermanos Figueroa –, quien lo adiestró en la ejecución del bombardino y el clarinete y le enseñó los principios de la armonía. Se inclinó por el primero de dichos instrumentos estimulado por la admiración que le profesaba a los dos bombardinistas más extraordinarios que ha tenido nuestro País: el ponceño Domingo Cruz “Cocolía” y su compueblano Ángel Mislán Huertas. El maestro Figueroa Iriarte lo incorporó a la Banda Municipal que había fundado en 1900. A los 16 años realizó sus primeras orquestaciones que fueron para un conjunto que dirigía su profesor.

Al año siguiente, 1907, su admirado Mislán reemplazó a su primer mentor y, por ende, pasó a ser discípulo de uno de sus ídolos. Con éste amplió sus conocimientos de armonía y se pulió como bombardinista. En 1909 fue a vivir a Adjuntas, pues le surgió la oportunidad de formar parte de una orquesta que mantenía su base de operaciones en aquella región. Fue en este pueblo donde se estrenó como compositor con la danza “Las dos Carmelas”, que dedicó a sus amigas pepinianas Carmela Rosado y Carmela Scharrón. En lo sucesivo, su ingenio como creador melódico no se detuvo. Emergió como uno de los más recurridos surtidores de repertorio a las principales bandas y formaciones populares de su tiempo. Sin embargo, en 1910 retornó a San Sebastián del Pepino, pues su maestro Mislán lo había recomendado como su sucesor en la dirección de la Banda Municipal, propuesta que fue acogida por el entonces alcalde Narciso Rabell Cabrero, quien no vaciló en reclamarlo. Años más tarde volvió a radicar de manera permanente en Adjuntas, aunque desarrollaba el grueso de su actividad artística y pedagógica en otros pueblos. A partir de la década de 1940 su residencia habitual estaría en Quebradillas.

A juzgar por las que siempre mantuvo en el repertorio de su orquesta y en los de las tantas bandas municipales que dirigió – muchas de las que compuso las cedió a otros directores y no las ejecutó nunca en público – todo parece indicar que, entre su impresionante colección de danzas, sentía particular preferencia por las tituladas “Añoranzas de mi vida”, “Arrepentido”, “Así es la vida”, “Déjame en paz”, “Dime por qué”, “Divina Luna”, “El aventurero”, “El Cielo y tú”, “El cojo”, “El jaleo”, “En el Cielo nos veremos”, “En mi camino te espero”, “En ti confío”, “En tu cumpleaños”, “Eterno idilio”, “Evocando un recuerdo”, “Felicidad”, “Frío en el alma”, “Invocando a Dios”, “La imposible”, “La número doce”, “Las locas”, “Mamá Monín”, “Mi ofrenda” – dedicada a Juan Morel Campos –, “Noble idea”, “Noche de gala”, “No hay pena para mí”, “No oculto mi dolor”, “No te comprendo”, “Ola armónica”, “Recordando a Mislán”, “Rendido a tu amor”, “Ron con limón”, “Sarito”, “Siempre a tu lado estaré”, “Siempre tú”, “Siguiendo el rastro”, “Una gran pena”, “Una ilusión que se fue”, “Un atraco”, “Un contraste” y “Vida de mi vida”.


Los Universitarios grabaron la primera versión cantada de “Bajo la sombra de un pino”.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popula)

Siendo niño, este servidor – autor de la presente reseña biográfica – tuvo oportunidad de conocer al maestro Acosta De Arce. Para aquel tiempo, yo ejecutaba la trompeta y el bombardino en la Banda Municipal del Pepino, entonces dirigida por el recordado Antonio “Toño” Vega Hernández. El ya anciano bombardinista y compositor se unió dos o tres veces a la misma para reforzarla en tocatas de retretas. Jamás olvidaré la ocasión en que me incorporó a un “vente tú” para amenizar una actividad del Partido Estadista Republicano en la que sólo teníamos que tocar, una y otra vez, el “jingle” de campaña cuya letra decía: “viva usted feliz y seguro con Ferré y el Estado 51” (el PNP se fundaría más adelante). A la sazón, yo contaba alrededor de 11 o 12 años (él, por lo menos, 75) y, cuando regresé a mi casa, mi papá me echó tremenda descarga porque tal ideología era contraria a la de nuestra familia, defensora de la causa pro independencia y medio pueblo me había visto “aliado con el bando enemigo”.

De don Juanito me llamaba la atención su cabello, algo rojizo, recortado, al estilo “flash top” y, sobre todo, un bombardino que, por ser más pequeño que el que yo solía ejecutar, pienso que en realidad se trataba de un onóveno. Lo interesante del caso era que aquel instrumento tenía muchas soldaduras que remediaban los escapes de aire provocados por el maltrato de algún dueño anterior. Resultaba difícil precisar si su color original era cobrizo o gris oscuro. Él aseguraba que “por eso es que suena tan bien”.

Recuerdo exactamente el día de su fallecimiento, en un hospital de Mayagüez, el 21 de mayo de 1968. El maestro “Toño” Vega dio la noticia a los muchachos de la banda cuando nos disponíamos a iniciar un ensayo. Fue sepultado en el municipio de Quebradillas.

Cuatro años más tarde, en 1972, el Instituto de Cultura Puertorriqueña editó el álbum “Danzas de Juan F. Acosta / Serie de música del Siglo 19 y principios del 20” (ICP/H-4), que recoge doce de sus composiciones interpretadas por la consagrada pianista Elsa Rivera Salgado. Estas son: “Bajo la sombra de un pino”, “Delirio por tu amor”, “Dime por qué”, “En ti confío”, “Eres maravillosa”, “Felicidades”, “Por ti y para ti”, “Siempre a tu lado estaré”, “Te esperaré”, “temo quererte”, “Trinita” y “Tu corazón en el piano”.

En el 2000, el ICP dedicó su tradicional Semana de la Danza Puertorriqueña (mayo 14 al 20) a resaltar su rico legado y recordar su figura con una serie de eventos alusivos celebrados en San Juan, Bayamón, Humacao y Mayagüez. En 2004 los cuatro hijos que le sobreviven recopilaron toda su obra en dos copiosos volúmenes que editaron bajo el título de “La obra musical completa de Juan Francisco Acosta De Arce”. Vale la pena señalar que algunos de sus herededos también resultaron buenos instrumentistas. Asdrúbal, por ejemplo, fue saxofonista de su orquesta.

A continuación, incluimos la letra que a “Bajo la sombra de un pino” aportara Pepito Martínez Vale:

Fue una ilusión nuestro querer
que destrozó nuestra pasión,
la que por cierto deslumbrara
mi cariño que era fiel,
sufre la nostalgia de tu amor.

Recuerdos dulces guardo yo del ayer,
de horas felices que pasé junto al ser
que yo adoré con todo el corazón,
cuando le di todo mi amor y mi ser a esa mujer.

Yo nunca pensé que se olvidara de mi amor
y mi corazón lo destrozara sin piedad.
Bajo esta sombra he venido a llorar
la mujer que yo amé.
Hoy llora el pino junto a mí
la traición de esa mujer.

Perdí su amor que con traiciones
me pagara mi buen proceder.
Su corazón era de piedra
y no tenía alma de mujer.
Con sus traiciones me dejó
desamparado en un abismo,
pero algún día pagará
lo que me hiciera sufrir
la prenda que más adoré.

 

24/may/08

 

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