| José Antonio López planta bandera
en el Carnegie Hall de Nueva York
Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

El guitarrista puertorriqueño José Antonio López debutó en el Weill Recital Hall del Carnegie Hall de Nueva York.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Nueva York – Todavía el aire de fiesta permeaba en el ambiente de aquel domingo 8 de junio. Desde tempranas horas de la mañana una multitud había comenzando a colmar la famosa Quinta Avenida de esta ciudad, batiendo al aire banderas monoestrelladas como parte de la celebración del Desfile Nacional Puertorriqueño. Con el tradicional bullicio, artistas, políticos, líderes comunitarios – de acá y de allá – se unían a la algarabía del momento al son plenero de “Qué bonita bandera” o reafirmando ese sentir de patria que tanto ha dado a conocer al boricua por estos lares.
Mas al comenzar a caer la tarde, a unas cuadras de la Quinta Avenida, otro Puerto Rico estaba listo para asomarse. Lejos del festejo bullicioso, en la solemnidad de la sala Weill Recital Hall del Carnegie Hall, el alma patria se hizo cuerdas y en la guitarra del maestro José Antonio López se asomó melodiosa y puso a brillar con orgullo la estrella de su bandera.
Con toda la sencillez que le caracteriza, en su debut en el prestigioso centro cultural López demostró lo que es técnica, arte y precisión. Con su guitarra en la mano, abordó cada obra con sutil delicadeza y ejemplar maestría. Y en su ejecución, instrumento e instrumentista se conjugaron cual si fueran uno. De manera tal que en su lenguaje corporal se evidenciaba cuánto vivía cada nota… cada sonido.
Así comenzaron a fluir los temas escogidos para esta velada en este escenario de fama mundial. Con un solemne “Asturias”, de Isaac Albéniz, López comenzó la travesía. Y en alas de sonoridades clásicas abordó la sublime “Suite Mangoreana” de Agustín Barríos, el “Vals 8 No. 4” – con el que dio muestra de su admirable agilidad con las cuerdas – y el magistral “Un sueño en la floresta” - tema descrito por el ejecutante como la obra cumbre de la guitarra clásica – con el que el artista probó sus quilates por su ejecución en una pieza rica en variantes musicales.
Tras un breve intermedio, el maestro pasó las páginas del pentagrama clásico para adentrarse a reafirmar lo que es la innegable aportación latinoamericana al mundo acústico de las cuerdas. De Venezuela presentó “Flores para Natalia” al compás de valses como “Nelly”, “El marabino”, “La negra”, “El negrito”, “Carora” y “Flores de la montaña”. De Argentina trajo a Astor Piazzola en un mosaico que incluyó “Verano porteño”, “Milonga del ángel”, “Invierno porteño”, “Adiós nonino” y “Tango suite 1”.
Mas el momento mágico de la noche se dio con la ejecución de “Díptico 16” el cual, acompañado por el maestro Edwin Colón Zayas, tuvo un brillante debut mundial.
La pieza, bautizada en el programa como “Boricua”, fue compuesta por Piazzola en 1959. Tras largos años de búsqueda, los estudiosos López y Colón Zayas dieron con ella en Japón, rescatándola así del olvido. En ella, el guitarrista de 38 años y el cuatrista orocoveño se integraron a la perfección, esculpiendo una obra magistral que levantó de sus butacas a muchos en la sala, otorgándole a ambos la ovación más sonora de la noche. ¡Triunfal!

En su presentación en el Carnegie Hall, el guitarrista José Antonio López contó con Edwin Colón Zayas y Denise Quiñones como invitados.
(Foto Frank Surita / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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A este momento de excelencia le sucedieron entonces otras brillantes interpretaciones: la danza puertorriqueña “Un diálogo” de Juan Morel Campos, el impostergable y melodioso “Cuando estoy contigo” (“Madrigal”) de don Felipe Rosario Goyco y el siempre patriótico “Verde luz” de Antonio Cabán Vale “El Topo”. Como complemento a esta oferta, López invitó a la actriz Denise Quiñones para interpretar dos temas de Sylvia Rexach. La joven, que hace tiempo probó con talento, perseverancia y dedicación que es mucho más que una ex Miss Universo , tejió con dulzura una versión de “Yo era una flor” a la que, tras largos aplausos, secundó una interpretación un tanto discreta del clásico “Olas y arenas”.
Ya como cierre de la velada, José Antonio López le regaló a la audiencia la obra “Misionera” de Ferrnando Bustamante. Y de manera ejemplar selló su debut en el Carnegie Hall interpretando “Miniatura” del inolvidable maestro de las cuerdas, Miguelito Alcaide.
Con la sencillez que le caracteriza, José Antonio López recibió con humildad y respeto las ovaciones finales de una sala de recitales puesta en pie. Y cual si fuera un gesto de religiosidad, extendió la guitarra hacia al público sellando así la noche en que plantó bandera en tan importante escenario.
14/jun/08
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