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  San Juan, Puerto Rico ::

Ernesto Cordero incorpora el rap
a la música clásica


La obra del guitarrista puertorriqueño Ernesto Cordero fue recientemente elogiada en el diario The New York Times.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Desde principios del Siglo 20 hasta el presente, los guitarristas puertorriqueños han disfrutado de prestigio internacional, para honra de nuestra patria. Particularmente, en el ámbito de la música popular. Ejecutantes como José A. “Mengol” Díaz Rodríguez (1905-1997); Francisco López Cruz (1907-1988); Pedro Berríos Feliciano (1908-1976); Rafael “Fanta” Hernández Fantauzzi (1916-2007); Félix “Ola” Martínez – del Trío San Juan – (1916-1995); Polo Ocasio (1923- ); Rafael “Tutti” Umpierre Hernández (1925-1999); Federico Cordero (1 926- ) y Ernesto “Tito” Ull – de Las Tres Guitarras – (1929 - ) han servido de inspiración a varias generaciones de guitarristas.

Entre los especialistas de la variante denominada “requinto”, imprescindible en las trilogías de voces y guitarras, Rafael Scharrón (1932- ), Miguelito Alcaide (1934-1988), Jesús “Junior” González (1937-1998) y Henry Vázquez (1938- ) lograron catapultarse a la altura de los mejores de México, lo que equivaldría a decir “la casa del trompo”. Otros son nombres obligados como “sesionistas” en la industria discográfica: Máximo Torres, Francisco “Ito” Serrano, Jorge Laboy, Jimmy Velázquez, Marcos “Tony” e Iván Rijos, Pedro “Papo” Gely e Iván Maraver, especialmente.

Sin embargo, a la hora de repasar los legados de los guitarristas que han encaminado sus carreras en el género clásico, nos percatamos de que el número de ellos que ha logrado alguna trascendencia es bastante reducido. Claro: no quiero decir con esto que nuestro País carezca de virtuosos capaces de granjearse pleno reconocimiento como concertistas, porque seguramente son muchos. Pero, los verdaderamente notables son pocos. No sería muy aventurado decir que Moisés Rodríguez y Manuel Gayol fueron los primeros en cimentar cierto cartel. Y, durante las últimas décadas, Leonardo Egúrbida, Miguel Cubano, Eladio Scharrón, Ángel Del Río, José Antonio López – quien el pasado 8 de junio ofreció concierto en el majestuoso Carnegie Hall, en Nueva York – y Ernesto Cordero han sido las figuras dominantes.

Su recién grabada obra “Estampas criollas” fue creada para coro, orquesta de cuerdas, tenor y rapero –

De todos ellos, el último de los mencionados, Ernesto Cordero, es quien ocupa nuestra atención en este momento. Porque no sólo se trata de un instrumentista de alto nivel, sino también de un compositor – posiblemente el más prolífico entre los de su clase – que está haciendo historia. Resulta que, desde la década de 1990, sus obras se han estado grabando con regularidad y uno los compactos de recién lanzamiento nos ha sorprendido: “Estampas criollas / Creole Portraits” (OSJB7007). Se trata de una obra que le comisionó el Instituto de Cultura Puertorriqueña con motivo de su 50 aniversario en 2005. Fue concebida para Coro (en esta grabación, el Orfeón San Juan Bautista, cuya dirección comparten Daniel Alejandro Tapia Santiago y Guarionex Morales Matos); Orquesta de Cuerdas (dirigida por Guillermo Figueroa); Tenor (Joel Prieto) y… ¡rapero! El seleccionado para esta producción histórica, editada hace varios meses, fue Welmo Romero, muy conocido en los círculos culturales y muy identificado con este tipo de proyectos. Que sepamos, por lo menos en Puerto Rico es la primera vez que esta expresión vocal, de origen callejero, es incorporada a la música de concierto.

“Estampas criollas’ es reflejo de nuestra música en el Siglo 21, eclética, llena de diversas sonoridades, colores y marcada por ritmos y elementos folklóricos. La obra invoca vocablos e imágenes literarias de nuestra herencia criolla al miso tiempo que utiliza recursos de las nuevas expresiones musicales que se desarrollan en Puerto Rico”, declara José Luis Vega, director del ICP, describiendo este trabajo del maestro Cordero, quien vio la primera luz en Bronx, Nueva York (EE.UU), el 9 de agosto de 1946, hijo de los boricuas Ernesto Cordero Jiménez (recién fallecido) y Teresa Ortiz.

Por su parte, el insigne compositor panameño Roque Cordero, quien dirigiera el Conservatorio Nacional de su país, agregó:

Imparte intenso matiz puertorriqueñista a sus composiciones –

“Estampas criollas’ es, sin lugar a dudas, una excelente contribución al repertorio coral latinoamericano. La obra demuestra buen conocimiento en el tratamiento de la voz humana, así como dominio contrapuntístico, evidenciado no sólo entre las diferentes voces del coro, sino en el interjuego de la orquesta con la masa coral. La sorpresiva entrada del elemento popular, el rapero, agrega un magnífico contraste sin destruir el ambiente caribeño que distingue a la última de las cuatro estampas. ¡Bravo, maestro!”

Las cuatro estampas descansan en igual número de poemas cortos que representan cada movimiento. Estos son: “Canción de cuna” (cuyo texto es tomado de la tradición popular); “Guanina” (del propio Cordero, basado en leyenda de Cayetano Coll y Toste); “Voz del guiro” (de Andrés Castro Ríos) y “La hija del Viejo Pancho” (de Luis Lloréns Torres). Comienza con una breve “Fantasía para cuerdas” a manera de obertura, la cual toma como fundamento fragmentos de la canción infantil “Brinca la tablita”.

El segundo movimiento, “Guanina”, que es el más largo, evoca el romance entre el colonizador español Cristóbal De Sotomayor y la india Guanina. Parte del texto entonado por el coro es en lenguaje taíno y se extrajo de una plegaria en arahuaco escrita por Coll y Toste. El tercer movimiento es un canto patriótico y el coro asume el papel protagónico personificando la voz del poeta Castro Ríos. El cuarto y último, “La hija del viejo Pancho”, para orquesta y rapero, se caracteriza por una estructura rítmica sincopada y un lenguaje armónico tradicional. A mitad de la pieza introduce un pasaje a capella concebido con el estilo contrapuntístico de los madrigales renacentistas y con un rap a manera de recitativo, en el cual se exponen las diferencias y similitudes entre lo criollo y lo urbano. Sus versos son los siguientes:

Destilas olor a pomarrosa,
tu pétalo jugoso
color carne semi-rosa.
En tu pelo suelto cosas
pa’ aflojar tu resistencia.
Destrozas lo que rozas.
Primero en asistencia a tu clase.
‘Blin blin’ falta no me hace,
te rapeo dependiendo e’ tu soltura.
Tu dulzura me asegura
una futura relación de envergadura
galopeando en tu llanura.
Sólo el Sol como testigo
de esta aventura pura y tu dulzura…
Tu dulzura me sutura, la apertura
que mi pecho es un hecho
¡vaya cura!
Esta la dedico a la hija del Viejo Pancho.
Gran admiración como al Quijote siente Sancho.
Ancho es el espacio en mi corazón por ella,
brilla como estrella, bella jíbara doncella,
me tiene anamora’o.
Olor a monte, ¡estoy pegao!
no te me cruces, bacalao,
vengo vira’o, embelesa’o.
Jibarita, no, no, no me he quita’o.
A mi panas yo le digo:
‘tengan cuida’o, ¡whoa!’
Soy rapero de verbo certero,
negro e’ Barrio Obrero.
Chica, soy sincero,
busco que me quieras.
De la urbe viajo al campo,
pero no me explico por qué al verte sufro tanto.
Esto es pa’ la hija del viejo Pancho.

Sus obras de concierto han sido grabadas por importantes orquestas y solistas internacionales–


La producción discográfica “Estampas criollas” fue editada recientemente por el Orfeón San Juan Bautista.

Otra producción recién editada, “Conciertos festivos”, auspiciada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña a través del National Endowment For The Arts, presenta cuatro obras ejecutadas por la Orquesta Sinfónica de la juventud Venezolana Simón Bolívar dirigida por Alfredo Rugeles. La primera, “Concierto para guitarra y orquesta de cuerdas”, creada en 2003, pertenece al maestro Cordero. La segunda, “Concierto para guitarra y orquesta sifnónica”, también creada en 2003, lleva la firma de otro boricua: Carlos Alberto Vázquez. Las otras dos, “El ocaso del héroe” (1982) y “Escenas de la Pasión según San Marcos” (2000), fueron compuestas por los venezolanos Alfredo Rugeles y Diana Arismendi, respectivamente.

Este gran músico puertorriqueño inició su adiestramiento formal como guitarrista bajo la tutela el venerado profesor colombiano Jorge Rubiano, en San Juan, a los 15 años (1961). En 1963 ingresó en el Conservatorio de Puerto Rico. Prosiguió estudios avanzados en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde recibió las enseñanzas de Regino Sáinz De la Maza, obteniendo su Diploma en 1971. Luego realizó estudios postgraduados en Composición bajo la tutela de Roberto Caggiano y pulió su técnica como ejecutante con Claudio De Angelis y el venezolano Alirio Díaz en Roma (1972-1974). En Nueva York, amplió sus conocimientos en Composición, habiendo sido discípulo de Julián Orbón (1977-1978).

Desde el 2000 hasta el presente, se les han editado las siguientes obras: “Pregunta”, ejecutada por Ángel Romero (Delos De 3294, 2001); “Tres Cántigas Negras”, compuesta en 1989 y ejecutada por Alexander Ramírez (Deutsche Grammophon, 2004); “Sonatina tropical”, para dos guitarras, interpretada por el Dúo Erato, integrado por Martha Masters y Risa Carlson (GSP, 2005); “Concierto festivo para guitarra u orquesta de cuerdas”, compuesto en 2003, ejecutado por Víctor Pellegrini con la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar (OSJSB, 2006), etc.

Ernesto Cordero fue profesor del Composición y Guitarra Clásica en el Departamento de Música de la Universidad de Puerto Rico durante el período 1971-2005. En el interín, se desempeñó como director del Festival Internacional de la Guitarra que ayudó a fundar (1980-1997). Paralelamente y hasta el presente se ha mantenido ofreciendo conciertos en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.

24/ago/08

 

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